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Los puntos cardinales

Las duras condiciones de Europa alientan el nuevo Mayo francés

Abril 24, 2012

Europa se dispone a pasar una importantísima prueba la primera semana de Mayo, con epicentro en Francia. Los vecinos del norte, los ciudadanos de la tierra que la alumbró la ilustración y la revolución de 1789, han sido los protagonistas de un laboratorio de ideas para la historia. Fueron capaces de marcar el camino de la edad contemporánea, de igual modo que hace cuarenta y cuatro años convirtieron el Barrio Latino de París en un campo de pruebas para los valores de la República de la posguerra.

Con ese riquísimo pasado, Francia vota el domingo 6 la legitimación de la extrema derecha como la nueva fuerza emergente en la Unión Europea. Lo normal es que François Hollande reúna el suficiente número de apoyos de todos los ámbitos de la izquierda y del ecologismo para hacerse con la llave del Elíseo. El problema es que las urnas pueden certificar la debacle de la UMP de Nicolas Sarkozy y los conservadores galos quedarían huérfanos de una referencia verdaderamente democrática y europea.

La victoria ya conseguida por el Frente Nacional

Porque la victoria que ya ha conseguido el Frente Nacional, con Marine Le Pen batiendo todos los registros logrados por su padre, consiste en haberse convertido en el aglutinante del descontento, de las protestas contra el sistema y contra la tutela rigurosa de Bruselas. Sabedor de que la rivalidad anida en la parte más radical del espectro ideológico de la derecha, Sarkozy no duda estos días en sacrificar buena parte de las esencias del gaullismo para flirtear con propuestas que acarician la xenofobia, de modo que en esta segunda vuelta las políticas relacionadas con la inmigración, la seguridad y los extranjeros se superponen a otros debates como el de la recesión o el déficit. Es decir; podemos encontrarnos ante un escenario de recuperación del poder por parte de la izquierda y de recomposición de una derecha que vira hacia principios ultras, populistas y antieuropeos.

El caso de la saga Le Pen es el más notorio en el continente por el tiempo que llevan en primera línea de la política gala y por la importancia del país. Pero no están solos. En Holanda, Geert Wilders acaba de retirar su respaldo a la coalición liberal-democristiana y ha abocado al país al adelanto electoral por su oposición a las férreas exigencias de control del déficit. Todo esto recuerda a Led Zeppelín porque “la canción es la misma”, es decir, respuestas nacionalistas a las obligaciones que marca la Comisión Europea.

El populismo también llega a Grecia

Es obvio que el peso de Francia como segunda potencia continental acapara una enorme atención informativa y el domingo 6 de Mayo París será un hervidero de corresponsales y enviados especiales dispuestos a ser testigos del fin de la era Sarko.

Pero ese mismo día los griegos también acudirán a las urnas para renovar su Parlamento, con unas perspectivas verdaderamente inquietantes porque el populismo antieuropeo también cosecha seguidores en el país más endeble de la unión. Y en ese movimiento merecen una atención especial el periodista Nikos Michaloliakos y su partido Amanecer Dorado, que desde el ayuntamiento de Atenas ha comenzado a extender sus redes a más ciudades del país como Tesalónica y a mermar relevancia a LAOS, otra formación de extrema derecha pero dentro del sistema, como lo demuestra su apoyo al Ejecutivo de Papademos. Mientras LAOS hace crítica política, Amanecer Dorado acumula denuncias por violencia.

En todos estos ejemplos y en otros que van surgiendo sobre el mapa continental el denominador es común. Como en la novela de Mary Shelley, es Europa quien parece alimentar su propio monstruo.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.