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¡Qué fuerte!

Las dos grandes pandemias nacionales

Septiembre 14, 2012

Por desgracia, vivimos en un país lleno de envidiosos y de hipócritas. Estos que se las dan de progres, muchos de ellos, son como la gata Flora, que llora sí o sí. Estando el país como está, lo de Eurovegas hubiera venido igual de bien tanto a Barcelona como a Madrid. Se crearán puestos de trabajo, mano de obra para realizar la bestial ciudad ludópata mas gente que la mantenga viva. Barcelona la quería pero, como no se la han dado, pues ahora resulta que no la querían y preferían montar otra atracción.

Vaya, pues si no la queríais, no haber luchado por ella, digo yo. Una vez sabida la noticia de que la ciudad elegida es Madrid, la oposición se queja cuando resulta que el mismo que se queja ya solicitó un casino en no sé dónde. Y ahora los que nos quejamos también somos los ciudadanos porque será un foco de atracción de drogas y de prostitución. ¡Vaya otra vez! Ahora resulta que España no es el país europeo con uno de los mayores índices de consumo de drogas. Tampoco en España estamos acostumbrados a ver borrachos por las calles, ni a que la gente conduzca con alto nivel de alcoholemia. Y, ¿prostitución en España? Pues tampoco estamos acostumbrados a ver los clubs de alterne de las carreteras nacionales con paneles que tapan los coches que en ellos hay parados los domingos por la tarde, por ejemplo. ¿Es o no es hipocresía todo esto?

La mujer de un ministro
Y la envidia, la otra plaga nacional. En lugar de alegrarnos del trabajo ajeno de la gente, nos dedicamos a criticar cuando alguien consigue uno, con la falta que hace. Viene esta indignación porque las redes sociales, políticos y personal de a pie han puesto a parir a Edurne Uriarte porque TVE la ha fichado como tertuliana. Una mujer con una gran trayectoria profesional, mucho mayor que la de muchas otras que han sido ministras sin tener ni saber nada y con la cabeza más hueca que un coco. Edurne, además de ser una gran profesional dentro del mundo de la educación y del periodismo, es una gran persona, una grandísima mujer, valiente como ya quisieran muchos hombres, enfrentada a ETA toda la vida desde que la intentaron asesinar y con un bagaje personal y profesional digno de admiración. Ha pasado por mil tertulias de mil programas de radio y televisión por ser ella, por ser Edurne Uriarte, y nunca nadie ha dicho nada.

Pero Edurne se enamora, se casa y resulta que su marido es nombrado ministro en el último Gobierno de Rajoy. Bueno pues ahora Edurne ha pasado de ser esa fantástica profesional a ser “la mujer de un ministro”, quedando en el olvido toda su carrera y trayectoria profesional tan importante. Mucha envidia es lo que hay aquí y mucha pérdida de memoria, porque esos que critican este fichaje no se acuerdan ya de los puestos que cada vez que un gobierno ha entrado en el poder, han sido fulminados para colocar a los suyos. En esto todos han sido y son iguales así que no sé a cuento de qué se critica. Dos claros ejemplos de la hipocresía y la envidia que sufre este país, dos grandes pandemias difíciles de exterminar. 


Rosana Güiza Alcaide
rguiza@extraconfidencial.com