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Otras opiniones

Las dobles vidas

Noviembre 25, 2012

Suele suceder en distintos momentos, en diversas etapas de la vida, que nos decantamos por algunos cambios vitales. Pequeños dulces, que sin quererlo ni esperarlo se tornan amargos.

La doble vida. Por denominarlo de alguna manera, porque quien dice doble, dice triple. ¿Por qué llegamos a parar a este tipo de caminos que nos desbordan?

Es posible que sea un “defecto” innato del ser humano, siempre anhelamos lo que no tenemos, aquello que no podemos conseguir. Sin embargo cuando somos dueños de ello, pierde todo su misterio y dejamos de vibrar.
Ansiando encontrar una nueva señal que nos motive.

Tal vez sea cuestión de personalidad, hay personas que necesitan constantemente indagar, descubrir, que huyen de la monotonía y de la propia inercia de la vida. Que jamás se conformarán con lo que poseen, y viven porque cada día descubren una nueva aventura.

Otros aman lo que tienen y temen día tras día perderlo, existe un miedo permanente porque su acompañante vital llena por completo su existencia. No necesitan nada más en la vida. Les alimenta plenamente lo que tienen en casa.

Es entonces cuando me surge una duda, ¿cuál es la razón que lleva al aventurero a compartir su vida con alguien? Conociéndose a sí mismo, sabe que se está metiendo en la boca del lobo. Porque nunca tendrá suficiente.

Sin embargo sucumben. Estaríamos quizás ante la huida de la soledad. El rechazo a encontrarnos solos,
envejecer en soledad nos condiciona de tal manera que se antepone a lo que verdaderamente necesitamos.

Y así es como llegamos a la doble vida. En casa tenemos la seguridad, el clima monótono, el ambiente familiar, las costumbres, en definitiva, una persona con la cuál compartimos…¿la vida? Yo diría “media vida”. Porque fuera de toda esa nube superficial e incierta hay otro mundo.

Un mundo que en ocasiones es cambiante, un día un entretenimiento nuevo que nos hace sentir mejor. Otro día un caramelo, que para los más inocentes termina siendo una mochila de culpas a la espalda y para los más cínicos no supera esa barrera. Se sienten plenamente orgullosos de su hazaña.

Y por otro lado un mundo paralelo al oficial. El mundo secreto, el de los amantes. Pudiendo llegar el día en el cual se confundan los nombres, o peor aún… despertarse a mitad de la noche y no saber a quién se tiene al lado. Y hablando de lado, ¿qué podría decirse de las ventajas y desventajas de ambos lados?

Esposo o amante. Engañado o segundo plato. Esa es la cuestión. El o la oficial, pueden percibir un distanciamiento e incluso llegar a la obsesión de la culpa. ¿Qué estaré haciendo mal?

Por otra parte, el segundo plato se halla en las sombras. Bajo el manto del secreto, las dudas, la frustración de tener las sobras de su amante. Y aunque tiene lo más preciado, le falta la compañía, y le sobra la soledad del despertar. Termina siendo un caos.

Visto así, la conclusión es clara. En dobles vidas, las tres personas involucradas acaban sufriéndolo tarde o temprano. De distinta manera, pero igualmente amargo. Nos adentramos en el simple y complejo entramado de las relaciones de pareja.

Sólo me queda pues, desear la mayor de las suertes a los tres protagonistas.