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El mayordomo

Las 10 normas de oro del cuidado de los zapatos

Octubre 24, 2010

De prestar atención a estas sencillas pero importantes reglas podremos disfrutar muchos años de nuestros zapatos preferidos


Aunque podamos pecar de repetitivos al indicar nuevamente que la elegancia empieza por el calzado y que sin unos zapatos de calidad y correctamente combinados da igual el nombre del sastre que nos haya cortado el traje o el camisero que esté detrás de nuestra camisa, debemos una vez más afirmar que los zapatos son la parte más importante del armario del caballero. 

Unos zapatos con una buena piel y bien fabricados pueden durarnos muchos años de seguir las normas que a continuación expondremos. No obstante, por mucho que se cuiden un par de zapatos, de no ser éstos de una buena calidad, si bien podrán durar algunos años no lo harán ni muchos ni en óptimas condiciones. 

Es por ello, por lo que si en una prenda hay que hacer un esfuerzo económico ése debería ser en los zapatos. Como reza el eslogan de una conocida marca italiana “quality is remembered long after the price is forgotten”. 

El cuidado del calzado no conlleva un gran trabajo y el pequeño esfuerzo que aquello requiere además de alargar considerablemente la duración de su vida aporta visibles resultados y mantiene su aspecto en perfecto estado. 

Los zapatos sufren cuando nos servimos de ellos para caminar y debemos compensárselo con algunas atenciones si queremos que nos duren mucho tiempo en óptimas condiciones: 

1. Utilizar un calzador siempre que nos pongamos unos zapatos. La utilización del calzador evita que a la larga se produzcan deformaciones en el mismo; sobre todo en la parte del talón. Si bien en el buen calzado esta parte está muy reforzada, el calzarnos de forma diaria los zapatos “a la fuerza” puede estropear el zapato. 

Aunque la utilización incluso del peor calzador de plástico es siempre más recomendable que prescindir de él, deberemos intentar hacernos con uno de largas dimensiones. Los calzadores de mayor tamaño ayudan a que el talón del pie entre dentro del zapato de forma vertical y no de manera diagonal como ocurre con los calzadores de corta longitud. 

2. Deberemos evitar vestir los mismos zapatos dos días seguidos. La piel necesita descansar y volver a su posición original para no envejecer antes de tiempo. El uso prolongado del mismo par de zapatos, además de no ser nada elegante, no dejará a la piel respirar y ésta se verá obligada a absorber el sudor. Igualmente, las arrugas que hasta en los mejores zapatos se producen con su uso, se afianzarán siendo luego más difícil conseguir desprenderse de ellas.

3. Cuando nos llevemos de viaje nuestros zapatos deberemos dejarlos descansar igualmente al menos un día. Las maletas aprisionan los zapatos pudiendo deformarlos ligeramente. Asimismo, las frías temperaturas de las bodegas de los aviones nos obligan a sacar los zapatos de la maleta y darles algún tiempo para que la piel recobre su temperatura normal.

4. Una de las normas más importantes a la hora de cuidar los zapatos es introducir en estos unas hormas de madera siempre que no estemos calzando ese par de zapatos. Las hormas son el mejor amigo de los zapatos y deberían acompañarlos allá donde viajaran.

Después de todo un día sobre ellos, las hormas además de absorber el sudor y el olor impiden que la piel se agriete. Igualmente, al “obligar” a todo el zapato a volver a su posición original evitan que se afee el aspecto de éste.

Si nuestros zapatos han sido hechos a medida bastará conservarlos con la horma utilizada para su fabricación. Ésta, al contrario de las hormas estándar, llegará a todos los rincones del zapato y lo conservará en perfectas condiciones. De tratarse de zapatos industriales bastará con utilizar unas hormas de madera extensibles. Deberemos huir tanto de las hormas de plástico al no absorber el sudor y ser más endebles como de las que si bien son de madera utilizan un muelle para unir la pala del zapato con el tacón al dejar la parte media del zapato sin protección.

5. De mojarse los zapatos deberemos al mismo llegar a casa secarlos con un trapo suave y asegurarnos que no quede agua sobre ellos. No obstante, y a pesar de que no se vea agua, es muy probable que la humedad haya penetrado en la piel del zapato. Para evitar que dicha humedad haga estragos en la piel del zapato introduciremos en ellos unas hormas de madera. Al mojarse, los zapatos son más sensibles a deformarse por lo que deberemos ponerles las hormas lo antes posible.

Si nos encontráramos fuera de casa bastará con introducir en ellos papel de periódico. Combatamos la humedad con hormas o con hojas de periódico lo que nunca deberemos hacer es secarlos debajo del radiador ya que una fuente de calor directa terminará endureciéndolos y acortando la vida natural de la piel.

6. No se debe abusar de los productos de limpieza. Aunque los zapatos deben estar siempre lustrados e hidratados para evitar que la piel se seque y se resquebraje, el abuso de betún termina produciendo una serie de capas en el zapato que además de modificar su color original, impide respirar a la piel.

7. Es importante elegir productos adecuados y de calidad para limpiar nuestros zapatos. Una de las normas básicas es usar un cepillo y una gamuza para cada color de zapato. Es importante no abusar del agua y nunca olvidar que todavía no se ha inventado nada que dé mejores resultados que frotar y frotar con rapidez y más fuerza.

Aunque todos creemos saber limpiar nuestros zapatos próximamente dedicaremos un capítulo para profundizar en lo que para muchos es casi un arte: la correcta limpieza de los zapatos.

8. Después de cada uso deberemos cepillarlos antes de guardarlos para que no dé tiempo a la suciedad a penetrar en ellos. Un cepillo de cerdas de buey, de caballo o cerdo nos ayudará con este cometido diario.

9. Si durante un largo periodo de tiempo no vamos a utilizar un juego de zapatos démosles antes de guardarlos en el zapatero una capa de betún o crema para que la piel se conserve en óptimas condiciones. Esta operación debería realizarse siempre con los zapatos de temporada.

10. Para terminar, es importante conservarlos en las bolsas de algodón que se entregan con todo buen par de zapatos. Estas bolsas además de dejar traspirar la piel evitan que entre suciedad alguna. Si el espacio de nuestro zapatero lo permite deberíamos, una vez guardado cada zapato en su respectiva bolsa y colocada la horma correspondiente, conservarlos en la caja que se nos entregó con ellos. 

Estas diez normas podrán completarse con otras que obedecen a la pura lógica. Así pues los zapatos nuevos habrá que utilizarlos poco a poco para que cojan gradualmente la forma del pie. Igualmente, los zapatos con cordones se desabrocharan antes de quitarse para que no se terminen deformando. 

De tener unos zapatos de calidad y de respetar estas sencillas normas podremos disfrutar de la comodidad que el paso de los años aporta solo a los mejores zapatos. 

Jeeves
elmayordomo@extraconfidencial.com