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Los puntos cardinales

La visión de Ken Follett y la tragedia americana de NoW

Julio 19, 2011

A lo largo de estos días me ha venido a la memoria un libro minúsculo de esos que compras en las tiendas de un aeropuerto para hacer más soportables las cuatro horas de vuelo en soledad. Se titula “Papel moneda” y lo escribió Ken Follett en 1977, demostrando sus cualidades como visionario. En la obrita todo queda sujeto a veinticuatro horas, la vida real de un periódico, porque la múltiple acción gravita alrededor de la redacción. Lógicamente hay periodistas, pero también hay espías, sobornos, muertes misteriosas y agentes de Scotland Yard, es decir, todos los ingredientes que hoy, treinta y cuatro años después, han puesto patas arriba los valores de la libertad de prensa en el Reino Unido.

De la familia real hacia abajo

El por ahora penúltimo capítulo del caso News of the World, porque nunca sabremos cómo acabará esto, ha sido el fallecimiento del periodista Sean Hoare, hallado muerto en su domicilio. Hoare había tenido problemas con la bebida y con las drogas, pero su desaparición es una fatal coincidencia, sobre todo si tenemos en cuenta que fue él quien desveló las aficiones de su ex jefe, Andy Coulson, a grabar las conversaciones de todo bicho viviente. Coulson, cuyo verdadero trabajo debería haber sido dependiente de La Tienda del Espía, abrió la veda en 2005 con pinchazos telefónicos al príncipe William. De la familia real hacia abajo, ningún sector quedó a salvo de los curiosos asalariados de Rupert Murdoch y su mano derecha, la pelirroja Rebekah Brooks. El cantante George Micahel, el futbolista Paul Gascoigne o la actriz Gwyneth Paltrow son sólo algunas de las víctimas de los métodos empleados por estas sabandijas de tabloide.

En la película “Scoop”, de Woody Allen, la joven becaria norteamericana llega a Londres y encuentra el argumento para la historia de su vida gracias a las pistas que le indica el espíritu de un sagaz reportero de la vieja escuela, todo, obviamente, en clave de fino humor de las islas. Sin embargo, la realidad de este escándalo cuyas consecuencias nadie es capaz de aventurar no tiene nada que ver con la comedia del judío de Manhattan. Después de que se descubriese la forma de conseguir exclusivas de Andy Coulson, David Cameron le dio una segunda oportunidad y le convirtió en el director de Comunicación del Partido Conservador. El primer ministro, por tanto, se desayuna cada mañana con este quebradero de cabeza en el 10 de Downing Street. El emporio News Corporation se encuentra sojuzgado en todo el planeta y en Estados Unidos lo más doloroso queda por llegar.

Cuando se profundice en las escuchas a las víctimas de los atentados del 11 de Septiembre, de los que se cumplen diez años, la sociedad norteamericana no tendrá ninguna conmiseración. El Watergate casi será un juego naif comparado con la desproporción de lo que, poco a poco, vamos conociendo. Y aquí en España puede que también haya alguna repercusión. Murdoch había puesto a su gente a realizar prospecciones y a mostrar interés por un diario nacional que podría dejar de estar integrado en el grupo al que hoy en día pertenece. Pero no da la sensación de que con todos los antecedentes que se conocen y lo que queda por salir a la superficie la opción del empresario australiano suponga una ventana de aire fresco para sacar al citado rotativo de la crisis en la que se halla inmerso. En ocasiones la deontología gana el pulso a la cuenta de resultados.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.