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Otras opiniones

La vida entre pasillos

Diciembre 27, 2011

Dicen que la guerra no es más que una larga y crispada espera. Dicen que los soldados se pasan la vida esperando. Asaltos, trenes, relevos, marchas y contramarchas. Hitos básicos que vienen a romper la monotonía de la larga espera en qué consiste esa existencia dura. La realidad triste de la guerra.

Pues algo parecido nos ocurre a los abogados. Porque nos pasamos la vida esperando. Si sumáramos todo el tiempo que hemos pasado esperando -en un pasillo a que nos llamen para algo, resultaría una de esas cifras comparadas tan del gusto de las revistas de divulgación científica. Del estilo de “el tiempo que pasa un abogado en un pasillo a lo largo de toda su vida es igual al que tarda una nave especial en ir a Marte y volver dos veces”… y cosas así.

Tomando café espero

Lo cierto es que pasamos media vida entre un pasillo y otro. La vida entre pasillos. Citados a determinada hora –vistas, declaraciones y demás contingencias del oficio-, casi nunca pasamos al Juzgado a la hora fijada. El resultado no es otro que la espera, porque nosotros –por si acaso-, sí somos puntuales. Coger nuestra maleta, nuestra corbata, nuestro traje y nuestro expediente y sentarnos, todo lo pacientemente que podemos, en un banco del pasillo del Juzgado en cuestión. Repasar el asunto y repasar tu vida.

También puedes acercarte hasta la máquina de café y sacar uno. He descubierto muy recientemente –y desconozco si ello es un síntoma evidente de alguna anomalía psicológica grave-, que me gustan los capuchinos que sirven las máquinas de los Juzgados de la Plaza de Castilla (plazakás en nuestro castizo slang profesional). Nunca lo hubiera descubierto si no hubiera tenido que esperar tanto y tanto en uno u otro piso de este feísimo edificio. Y es que con o sin banco -y con o sin café-, lo cierto es que mis Ilustres compañeros y yo nos pasamos media vida esperando. Esperando a que corra el turno y nos llamen. Y eso a pesar de haberse inventado los ordenadores personales, las BlackBerrys y demás…

Como la vida misma

Es algo así como la vida misma. Aquella que se desarrolla fuera de las mesas de los funcionarios y de las salas de vistas. Esa vida que, más a menudo de lo que nos gustaría, nos mantiene –a la espera-, sentados en los bancos de los largos pasillos del olvido. Esperando no sé sabe bien a qué o a quién. Descartados, apartados o excluidos de tomar parte activa en aquellos acontecimientos por los que, al final, habrá valido la pena vivir.

Pero los abogados –como los soldados-, sabemos esperar. E inevitablemente, en un momento dado, escuchamos la llamada que romperá el cadencioso tedio de la espera y nos dará paso. Paso para participar en la marcha de las cosas. Ese clarín que nos llama a la acción y que llega a justificar nuestra existencia. Ese clarín que, en estos difíciles momentos, no suena para muchos –muchísimos-, españoles. Esa multitud que -en la España de hoy-, se siente como si debiera estar sentada eternamente en un banco. En el pasillo larguísimo y frío de una vida sin expectativas y sin, tan siquiera, la esperanza de escuchar la voz que venga a romper con esa situación monótona. Tiempos tristes y esperas desesperanzadas… y una vida entre pasillos que nadie es capaz de dar fin.

Ignacio Toledano es abogado