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Los puntos cardinales

La victoria de Buteflika huele a gas

Abril 22, 2014

Desde hace quince años, cuando concluyó la década de la sangre y el terror, la historia de Argelia parece haberse quedado suspendida en el tiempo. Buena parte de la responsabilidad la tiene el anciano Abdelaziz Buteflika, que a lo largo de estos tres lustros ha ocupado el poder sin nadie que le hiciese sombra. Y se dispone a hacerlo durante otro más. Se acerca a los ochenta, su salud sufre un considerable deterioro, pero a juzgar por el resultado de las últimas elecciones se puede interpretar que los argelinos han llegado a la conclusión de que Buteflika es tan inamovible como la estatua del Cid Campeador en el centro de Burgos.

Los datos oficiales de estos últimos comicios no dejan lugar para la duda. El candidato oficial, o sea, el aspirante a la reelección, superaba el 80% de los votos con una abstención por encima de la mitad de la población con derecho a acudir a las urnas. Como decimos, el precario estado de salud del presidente argelino suscita interrogantes sobre hasta cuándo será capaz de gobernar, si es que acaso lo viene haciendo desde que ingresara por primera vez en el hospital parisino Val de Grâce en 2012, o si la corte de fieles a la Jefatura del Estado es en realidad quien mueve los hilos de un país con una influencia determinante en el Norte de África. Hay quien establece un paralelismo entre las estructuras de poder de Argelia y las de sus odiados vecinos de Marruecos, donde un término, -el Majzen- , simboliza y aglutina a todas las capas de la alta sociedad, la política y los generales del ejército que dirigieron el rumbo de la monarquía alauita durante el reinado de Hasán II.

La importancia de Argelia

Cuando hablamos de la importancia y la influencia de Argelia lo hacemos sobre diferentes principios. Al comienzo de la época del horror en 1992 tras la ilegalización de la victoria del Frente Islámico de Salvación y hasta 1998, el país acumuló portadas en la prensa mundial por ser escenario de matanzas indiscriminadas estremecedoras. Como hemos visto más recientemente, la región del Sahel es un semillero de un nuevo yihadismo, y por ello la experiencia argelina de aquellos años en la lucha contra el terrorismo convierte a sus fuerzas de seguridad en un actor principal para liderar el combate de esta lacra. Hay otro elemento que hace que Argelia sea también peculiar si tomamos como referencia el conjunto de otras naciones árabes. Porque en este país no ha habido levantamientos ni revueltas primaverales como las que se fueron sucediendo en su entorno a partir de 2011. Y este hecho sorprende si tenemos en cuenta que la sociedad argelina se basa en una población joven demográficamente en aumento sin esperanzas de futuro, abocada al desempleo y sabedora de que tantos años sin salir del Palacio Presidencial acaban convirtiendo a los gobiernos en regímenes que relajan los principios éticos exigibles a cualquier responsable político. Es decir; que se acaba por convivir con una actitud muy laxa con los corruptos.

El tercer aspecto que hace que Argelia sea distinta son sus yacimientos de petróleo y de gas, lo que convierte a ese inmenso estado del Magreb en un proveedor estratégico a ojos de Europa. Desde luego, las últimas elecciones no han sido precisamente un dechado de transparencia y juego limpio. Pero los países de la Unión son plenamente conscientes de que merece la pena hacer la vista gorda con el Gobierno de Argel si otro cuestionado demócrata como Vladimir Putin emplea los suministros energéticos para presionar a sus vecinos y a Occidente.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.