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A renglón seguido

La vecchia Juventus

Mayo 18, 2015

No hay peor cuña que la de la misma madera. Justo es lo que debió de pensar la afición madridista al finalizar el encuentro de vuelta de semifinales de la Liga de Campeones celebrado en Chamartín entre el equipo local y el visitante de Turín. Y es que el responsable (o irresponsable, según se mire,) fue su punta de lanza número nueve por nombre Álvaro, quien se encargó de permitir ver a los jugadores madrileños la final cómodamente sentados frente al plasma, acodados en un bar, o directamente en Berlín; pero lejos del césped.

Hasta aquí, a la trágala, todo podría parecer normal y corriente, si exceptuamos el resultado, si no fuera porque el ángel exterminador del fallido sueño de la undécima ha sido un ex-balompedista de la cantera “florentina” –no Fiorentina-, quien, en un alarde de profesionalidad, nada reprobable, ha apartado –junto con Tévez y nueve más- al once blanco de la undécima “orejona”, dejando al conjunto “carloteño” más pálido que su indumentaria deportiva.

Fuego Amigo

En términos bélicos a esto se le llama fuego amigo, pero en este caso la amistad y compañerismo de antaño no le han impedido disparar con balas de fuego Real y no de fogueo, pues para foguearse se alistó en las filas de I Bianconeri y se ha reivindicado en el verde campo de batalla del Bernabéu dejando fuera de combate al miniejército “ancelottista”.

Al enemigo ni agua, por eso, y ciñéndonos al paraguas del refranero que todo lo cubre, los italianos les han ofrecido algo más sólido: una exigua, pero eficaz, balasera en la diana del deseo de ser el primer equipo en jugar dos veces consecutivas la final de la Champions League, excitando la creatividad en las redes sociales con ocurrencias como: “Bye, Bye Champions” (por la BBC), o “Juve sobre mojado”.

Parece que los años no pasan

Tanto remar, para morir a la “horilla” y noventa y cinco minutos –incluido el tiempo añadido-. Cierto es, que, sin el brillo del ataque ante el Valencia, el Madrid achuchó con ansiedad lo que pudo, pero se mostro incapaz de marcar un solo gol durante setenta y tres minutos, tiempo transcurrido entre la Buffonada de Ronaldo desde los once metros (minuto 22) y el final del encuentro, y así es axiomática y empíricamente imposible superar al contrincante.

Parece que los años no pasan por La Vecchia Signora: Buffon, Pirlo…, pero por si tuviera algún achaque, para esas ocasiones se disfraza de Juventus y, al menos en su país, goza de un envidiable tercera edad ganando di strada con amplia diferencia su cuarto Scudetto consecutivo. Quizá el apellido del entrenador turinés (Allegri) haya sido puntualmente premonitorio para el desenlace de los acontecimientos.

Otra oportunidad perdida de ver la final de más relumbrón, por calidad de juego y cantidad de “tantos”, del planeta futbolístico entre “culés” y “merengues”. Los primeros con tres trofeos a tiro y los segundos a tres tiros del morfeo deportivo que quedará en blanco, a juego con su uniformidad, la presente temporada de temporales en la que no todo Bale si el Cristiano no anda católico.

Sirva este epigrama para la ocasión: Hay amores que duelen y matan; y los goles crueles de Morata.

Paco de Domingo