Menú Portada
¡Qué fuerte!

La valla de los sueños frustrados

Septiembre 9, 2016
valla-melilla

El problema que existe en Melilla sólo lo saben los que viven allí. Hay una valla, -que en realidad son tres; la de ellos, la nuestra y una intermedia que es territorio de nadie-, que separa aquel mundo de este, que señala el límite de los sueños con la realidad. Sólo unos metros bastan para marcar una diferencia brutal entre dos países, dos culturas y dos tipos de gente. Personas somos todos, pero en este caso, somos tan diferentes en todos los sentidos que hay que verlo para entenderlo. Estos 12 kilómetros de malla metálica y cuchillas son el corte tajante de las esperanzas de muchos.

Esa valla supone el sueño y a la vez la frustración por no poder alcanzarlos. Esa valla el quebradero de cabeza, no sólo de los políticos, sino también de los melillenses y de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado que velan y ponen su vida en peligro para evitar el paso de contrabando y de personas ilegales. Yo he estado allí y he visto como la Policía y la Guardia Civil se encarga de echar para atrás, en los pasos fronterizos, a la gente que no tiene papeles ni permiso para entrar. También he visto como se pelean entre ellos por cruzar a este lado cargados como “mulas” con el contrabando para comerciar. Cada viaje cuesta unos pocos euros y son sobre todo mujeres y niños los que cargan con esos bultos varias veces al día… las que el cuerpo aguante. Si una mujer cae al suelo, el resto le pasa sin piedad por encima para pasar cuanto antes los tornos de la frontera. Allí se queda; tirada, pisoteada y sin ayuda de nadie. El olor es insoportable y la suciedad que acumulan es insalubre. Intentan saltar y colarse sin escrúpulos, de mil maneras; insultan, pegan y lo que haga falta.

No se puede

Es increíble cómo, en tan solo unos metros, la vida es tan diferente, las costumbres, la cultura y los hábitos. Si naces a este lado eres un privilegiado y si naces al otro eres un desgraciado. Así es la vida. Da pena, sí, mucha pena e impotencia verlos gritar en su idioma pidiendo a saber qué, luchando por una vida mejor. Da pena también verlos encaramados a esa kilométrica valla de seis metros de altura llena de cuchillas. Siempre me he preguntado cómo serán sus vidas para arriesgarlas hasta el punto de no importarles perderla. Esas cuchillas que les provocan cortes profundos en manos y piernas no son impedimento para saltar. Son unos valientes, sí, como dice la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, lo son, mucho, muy valientes. Y ojalá pudiéramos abrirles las puertas a todos los que llaman, pero es imposible, porque si las abrimos entran todos y a todos no podemos atenderlos ni acogerlos. Es un problema grave, pero en España tenemos mucho paro y gente trabajando de manera ilegal, demasiada. Y no hay para todos. Seguro que hay otras soluciones antes que la libre circulación. Apoyar económicamente para que allí crezcan las infraestructuras, invertir para que se creen puestos de trabajo y evitar que los gobiernos corruptos se enriquezcan a costa de la pobreza de sus gentes. De verdad, ojalá pudiéramos acogerlos a todos como quiere la señora Carmena, pero no se puede.

Rosana Güiza

rosana@rosanaguiza.com