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Otras opiniones

La única verdad es la realidad

Mayo 16, 2010

En 1873 se iba a producir un fenómeno de considerable envergadura para España: el Rey Amadeo I  renunciaba al trono el día 11 de febrero de 1873 y provocaba con su abdicación un periodo de reflexión importante, tras interesantes debates sobre la forma que debía tomar el Estado español. Las Cortes, Congreso y Senado, en sesión conjunta, proclamaron por primera y última vez en nuestra historia una Constitución Federal de la República española.

Para visualizar de forma gráfica lo que en aquella época estaba sucediendo, me parece clave una parte del discurso que pronunció Emilio Castelar en sesión parlamentaria y que dice lo siguiente:                                                                                                         

“Señores, con Fernando VII murió la Monarquia tradicional; con la fuga de Isabel II, la Monarquía parlamentaria; con la renuncia de don Amadeo de Saboya, la Monarquía democrática; nadie ha acabado con ella, ha muerto por sí misma; nadie trae la República, la traen todas las circunstancias, la trae una conjuración de la sociedad, de la naturaleza y de la Historia. Señores, saludémosla como el sol que se levanta por su propia fuerza en el cielo de nuestra patria”.

El proyecto de Constitución Federal de la Primera República Española se desarrollaba a lo largo de 117 artículos organizados en 17 títulos. Estos Estados tendrían una «completa autonomía económico-administrativa y toda la autonomía política compatible con la existencia de la Nación», así como «la facultad de darse una Constitución política» (artículos 92º y 93º).

El artículo 40 del proyecto disponía: «En la organización política de la Nación española todo lo individual es de la pura competencia del individuo; todo lo municipal es del Municipio; todo lo regional es del Estado, y todo lo nacional, de la Federación».

Problemas de Estado

Después de esta introducción y de una redacción presumiblemente contemporánea, pero fácticamente parte de la Historia, voy a intentar resumir los problemas con los que se enfrenta el Estado Español actualmente, y que deberán de ser resueltos con prontitud, para encaminarnos hacia una dirección coherente y justa. 

En primer lugar podemos observar que la constitución de 1978, en su artículo 138 enuncia lo siguiente:  

1. El Estado garantiza la realización efectiva del principio de solidaridad, consagrado en el artículo 2 de la Constitución, velando por el establecimiento de un equilibrio económico, adecuado y justo, entre las diversas partes del territorio español, y atendiendo en particular a las circunstancias del hecho insular.

 

2. Las diferencias entre los Estatutos de las distintas Comunidades Autónomas no podrán implicar, en ningún caso, privilegios económicos o sociales.

En este artículo se consagra el principio de solidaridad e igualdad territorial, pieza clave de nuestro sistema normativo, político y económico y cuyos preceptos han perdurado a lo largo de nuestra pequeña trayectoria democrática de forma clara y precisa.

La mentira  perpetua

Es un grave error continuar por la senda de la mentira perpetua. Traigamos a nuestra debilitada memoria aquellos discursos políticos de envergadura colosal, que describían con precisión la realidad que se producía. Y que permitían observar los acontecimientos desde la tribuna presidencial.

 Podemos dilucidar, que lo que en teoría debería ser un Estado Autonómico, en la práctica nos encontramos ante un Estado cuasi federal; por lo tanto realicemos las reformas oportunas para que queden claras las competencias de cada “cantón o provincia “ y dejemos de perder el tiempo con discusiones sobre la “invasión de competencias”, “la incorrección de terminologías nacionales” o “la distribución de los tributos”. Construyamos, como ya lo hicieron nuestros políticos del siglo XIX, un Estado Federal Republicano que cumpla con las expectativas de la mayoría de la población española, o por el contrario construyamos una España fuerte y unida, libre de ataduras irrelevantes y con deseo firme de conducir sus pasos en la misma dirección.

Solamente ruego que tomemos decisiones que describan con precisión la realidad que acontece. Dejemos de alimentar a un Estado autonómico atrofiado, anquilosado y derrochador, que nos conduce a la fragmentación, confusión y pérdida de referencias oportunas y necesarias.

El sistema actual produce la inconstitucionalidad de sus estatutos y la incoherencia constante en su práctica real. Por no decir que la Monarquía sigue representando ideales de un poder tiránico y perpetuo que gobernó en la Historia con el despotismo y la arbitrariedad más injusta que ha conocido nuestra memoria. Por ello reconozcamos y alabemos la labor incondicional de nuestro actual Rey y su clave participación en la transición española, pero orientemos nuestras expectativas futuras hacia la constitución de una República como modelo de Estado que, aunque en la práctica produzca los mismos efectos, en teoría se constituye bajo parámetros democráticos , claves en una sociedad plural, abierta y democrática.

Creo que la España que están construyendo nuestros politicuchos no describe con exactitud la realidad que persigue la enorme mayoría de la población. Somos una sociedad anestesiada ante la política y, por este motivo, proliferan titiriteros, malabaristas y payasos que producen vergüenza ajena y provocan el sonrojo de sus habitantes.

Quizás tenía razón aquel que dijo que “Los políticos que tenemos son los que nos merecemos”, pero quizás en nuestro caso particular añadiría que nos los merecemos porque pasamos de la política, no por la talla intelectual de sus gentes que considero bastante formada e inteligente.

Alejandro Serrano es estudiante de Políticas, Económicas y Derecho