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Los puntos cardinales

La UE pasa su examen en las urnas de la progresista Holanda

Septiembre 11, 2012

Los comicios de hoy en la tierra de los tulipanes generan una expectación preocupante entre los socios de la unión. Holanda siempre ha sido un país peculiar, con señas de identidad inequívocas que molestan a muchos neerlandeses por considerarlas burdos clichés del país. Pero ahí están las chicas de los escaparates del Barrio Rojo, el aroma a cannabis de los Coffee Shop, la eutanasia y esa sensación de paraíso alternativo que se respira en los canales de Amsterdam o en el campus universitario de Utrecht.

Esta cita anticipada con las urnas es, en realidad, una prueba para calibrar con mayor o menor exactitud cuál es el sentimiento comunitario de los Países Bajos. Hay un rechazo a la unión encarnado en Geert Wilders y su ultranacionalismo populista. Pero también existe un hartazgo a la planificación que se dicta desde la vecina Bruselas por parte de la izquierda ortodoxa de Emile Roemer. Y en medio, los grandes partidos que han venido compartiendo el poder, los liberales del primer ministro saliente, Mark Rutte, y los democristianos, viven la incertidumbre de recuperarse o sucumbir ante un hombre que en apenas medio año se ha hecho con las riendas de la socialdemocracia y, además, muy popular. Y todo por una tragedia. Diederik Samsom, es un físico nuclear que debe su fama a la televisión después de ser capaz de hacer entender a los holandeses con un lenguaje claro y didáctico las causas y los efectos de Fukushima. De entre todos, este ecologista pasa por ser el favorito en esta cita con las urnas cuyo resultado abre cualquier posibilidad.

Escudero de Alemania

Holanda tiene unas más que aceptables cifras de paro y un buen nivel de crecimiento que la sitúan en la órbita de los escuderos de Alemania. Sin embargo, la multicultural y progresista sociedad holandesa parece estar dibujando una frontera imaginaria en el continente, una brecha insalvable con los países de la ribera mediterránea que se ven obligados a hacer más esfuerzos, como Grecia o España.

Los paisanos de Van Gogh van a ser, pues, el centro de las miradas de todas las cancillerías y los analistas comunitarios. El país que alumbró la Europa de Maastricht hace frente a la prueba para vez si ese diseño continental fue demasiado apresurado y si en aquellas largas horas de Diciembre de 1991 se inició un sueño que la propia dinámica institucional de la unión puede acabar convirtiendo en pesadilla. Cuesta trabajo pensar que existe una convicción generalizada entre los ciudadanos comunitarios de que se necesite más Europa. De Norte a Sur, las discrepancias dependen de las interpretaciones. Para los griegos, por ejemplo, Bruselas exige demasiado por las presiones de los países ricos septentrionales. Para los holandeses, por su parte, las políticas irresponsables de los meridionales les obligan a rascarse el bolsillo. Lo que viene a demostrar que, veintiún años después de Maastricht, no se ha logrado unión política alguna.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero