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Otras opiniones

La trampa de las primarias

Enero 9, 2011

Cuando en el partido socialista se decidió abrir la puerta al controvertido sistema de primarias para la elección del candidato ideal a una alcaldía, una presidencia autonómica o la propia presidencia del Gobierno de la nación, ni se habían calculado al cien por cien las consecuencias de algo que acaba escapando al control directo del aparato del partido a la hora de determinar qué candidato acabaría vencedor. Como tampoco se calcularon algunas consecuencias posteriores, fruto precisamente de la batalla entre partidarios de uno u otro candidato.

Eso ocurrió en la primera experiencia. Ya saben, aquella “madre de todas las primarias” que enfrentó al hombre del aparato, el Secretario General Joaquín Almunia, con el ex ministro, cerebro privilegiado y admirado orador -además de permanente “buey suelto” del PSOE-, José Borrell. Obtuvo el apoyo de la militancia el hombre antiaparato, con el consiguiente trastorno para Almunia y sus más cercanos de la Ejecutiva Federal y lo ocurrido después no hace falta recordarlo con detalle. Simplemente, Borrell no fue candidato tras haber sido víctima de una verdadera y auténtica cacería con dardos procedentes, unos del mismo partido, y otros, de algún error político descomunal del propio vencedor de las primarias que acabó dejándole fuera de juego para frustración de la militancia de base que se supone es a la que trata de beneficiar el sistema de elección que nos ocupa.

Los “fenómenos” Asunción y Cascos

Lo acontecido hace tan sólo unos meses en Madrid tampoco acabó como hubiera deseado la Dirección Federal: Tomás Gómez plantó cara a Rodriguez Zapatero a partir de aquélla tensísima reunión en la que el primero tuvo que oír del presidente un “no te tolero que me hables en ese tono“. Se la jugó frente a la candidata del aparato y Ministra Trinidad Jiménez y ganó porque así lo quisieron las bases de un PSM que, sin ser el PSC, tampoco tiene nada que ver con la forma de actuar de otras Federaciones Socialistas del resto del país. En Madrid, de momento, no hay acoso y derribo a los partidarios de la Ministra, pero desde luego -y que le pregunten al alcalde de Getafe Pedro Castro-, tampoco hay grandes señales de integración.

En Andalucía, esa “democracia interna” de primarias no parece haber recibido todas las facilidades; tampoco en algún que otro lugar relevante del país y la última consecuencia a las que nos referíamos la vemos en Valencia: Antoni Asunción, cuya integridad política se ha demostrado -desde el principio y en cualquier ámbito-, a toda prueba es suspendido de militancia en el PSOE por haber denunciado “pucherazo” tras su enfrentamiento de primarias con el hombre del aparato, Jorge Alarte.

Pues bien, estos son los mimbres y la ejemplaridad de un proceso de primarias creado en el partido del actual Gobierno por los mismos que después han abominado de su invención. Y la cosa no va a parar: Porque si “Zp” acaba concretando su no candidatura a la presidencia del Gobierno en las próximas generales, la cosa para Pérez Rubalcaba y algún otro u otra no va a resultar tan sencilla. Igual que hace ocho años, los afines a personajes que no están tan enterrados en el pasado como pudiera parecer, entre ellos Alfonso Guerra o José Bono, ya se mueven con mayor o menor tibieza para que el método de primarias sea utilizado con todas sus consecuencias y cuando toque.

Fórmula ¿nefasta?

Curiosa fórmula que, aún emanando de la más firme convicción democrática, no acarrea las mejores consecuencias. Tal vez por ello, la patata caliente que por momentos baila en las manos del PSOE trata de mostrarse ante el Partido Popular como el paradigma de unas esencias que la formación de Rajoy ni se ha inventado ni va a sufrir, -que bastante tiene ya con lo suyo, que no es poco, como para importar dudosas experiencias de sus adversarios políticos- por mucho que la “espantada” de Álvarez Cascos quiera ahora venderse ante la opinión pública como la consecuencia de una falta de democracia interna en el PP que no es propia solo de ésta formación sino de todos los partidos políticos.

Aun así, ni la tormenta Cascos va a amainar pasado mañana, sobre todo porque el ex secretario general de los populares y Vicepresidente con Aznar tiene no pocos apoyos entre la militancia y sobre todo en el mundo empresarial asturiano, ni los candidatos antiaparato se han acabado en el PSOE.

Julián Cabrera es director de los Servicios Informativos de Onda Cero