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No me moverán

La siguiente reforma, la electoral

Septiembre 11, 2012

Nos preocupa la economía. Lo notamos directamente en los bolsillos. Por eso, ahora mucha gente conoce la prima de riesgo, el rescate, la condicionalidad, el Banco Central Europeo… Nos interesa que se tomen medidas para salir de la recesión y que se cree empleo. Estamos pendientes de las reuniones del Ecofin (ministros de Economía y Finanzas de la UE), el Eurogrupo o el Consejo Europeo y hasta del Tribunal Constitucional alemán. Queremos saber las condiciones que llevará consigo el Rescate de España.

La UE exigirá recortes en los gastos públicos, aumento de los impuestos y, para ello, reformas: la financiera, para que los bancos den crédito; la laboral -ya se hizo la Ley-, ahora hay que aplicarla y quizás profundizarla;  la administrativa, para embridar los gastos del Gobierno y las Autonomías; la fiscal, para reducir las cargas de las empresas a la vez que se aumentan los ingresos vía impuestos. Y también la reforma de las pensiones, para acortar la puesta en marcha del alargamiento de la edad de jubilación y hacerlas viables a largo plazo.

Dudas sobre el comportamiento ético de la estructura política

Pero los economistas sabemos que hay factores externos a la economía que influyen poderosamente en su marcha. Sin confianza, el mercado no funciona. Confianza que depende de la historia de comportamiento ético de los agentes políticos y económicos. Si los ciudadanos creen que en ese comportamiento prima el bien común sobre los intereses particulares, entonces confiarán. Si no, desconfiarán.

La reciente historia de España arroja dudas sobre el comportamiento ético de las estructuras políticas. No se trata sólo de casos de corrupción, que los ha habido. Sobre todo se refiere a la sospecha, cada vez más extendida, de que los intereses de los partidos priman sobre los del país.

Secuestro del interés general

Un análisis de esas estructuras lleva a la conclusión de que ese secuestro del interés general se debe en gran parte al sistema electoral de listas cerradas en grandes circunscripciones. Ese sistema da poder omnímodo a los aparatos de los partidos, que son el verdadero elector de diputados, senadores y concejales. El político sabe que debe obedecerlos para obtener un puesto de salida. Con esa disciplina los dirigentes hacen prevalecer sus intereses, que presentan como si fueran los de la nación. Así unos pocos, instalados en las cúpulas partidistas, secuestran el poder y arrebatan a la ciudadanía rentas de todo tipo (incluyendo las económicas). Para ello no necesitan saltarse la legalidad -aunque a veces lo hagan- porque las leyes las construyen ellos mismos.

El mismo análisis lo hace el ciudadano y por eso desconfía de los responsables políticos y económicos, incluyendo los sindicatos. Para revertir este fenómeno es necesario que los votantes confíen en sus representantes como genuinos defensores de los intereses de sus representados.

Una forma de conseguirlo es cambiar la ley electoral. Ir a circunscripciones pequeñas uninominales, que elijan un solo representante (diputado nacional, autonómico o concejal). El actual poder del aparato del partido bascularía hacia el electorado. La confianza entre elegidos y electores aumentaría. Lo cual es bueno para la recuperación económica. Empresarios y trabajadores confiarían en que los políticos electos actúan de buena fe y en base al bien común.

Por tanto, para salir de la crisis económica, a las Reformas antes enunciadas deberíamos añadir la Reforma Electoral. La UE debería exigirla como otra condición para el rescate. Sería, además, un castigo ejemplar para un sistema político que no ha estado a la altura de las circunstancias. Pagaría su culpa con pérdida de poder y, a la larga, de privilegios.

España no es la única en sufrir la enfermedad de la partiditis

España no es un caso único en el secuestro de la voluntad popular por los aparatos partidarios. El primer ministro Mario Monti, puesto por la UE para resolver la economía italiana, ha planteado una Reforma Electoral en la que 2/3 partes del Congreso se elegiría en circunscripciones uninominales y 1/3 por listas de partido; con ello busca reducir el poder de los aparatos de partido. En Cataluña están estudiando un sistema parecido, por cierto ya aplicado en Alemania y en el parlamento escocés.

Si España quiere salir de la maraña económica en que se encuentra, además de las reformas de las que se habla continuamente es necesario abordar la Reforma Electoral.

Se dice que es difícil hacer esta Reforma cuando la tienen que aprobar los beneficiados por la ley actual. Sin embargo, aunque las crisis tienen sus inconvenientes también tienen alguna ventaja: se pueden hacer cosas que en otras circunstancias serían imposibles ¿Por qué no intentarlo ahora? Puedo asegurar al Gobierno que esa sí sería una iniciativa popular ¿Por qué no lanzarla?

J. R. Pin Arboledas. Profesor del IESE. Titular de la Cátedra de Gobierno y Administración Pública.