Menú Portada
Los puntos cardinales

La “sharia” del jazmín y la atracción de la morgue

Octubre 25, 2011

Las televisiones de todo el mundo, ayudadas por Internet, han hecho que incluso los más acérrimos enemigos de Muamar El Gadafi sintiesen náuseas al contemplar semejante espectáculo de tortura sólo comparable, aunque con diferencias, a la ejecución del matrimonio Ceaucescu. De todos modos, no hay mal que por bien no venga, y hasta de la atrocidad podemos extraer conclusiones muy útiles para el futuro. Porque ahora cabe preguntarse si ese es el espíritu que anima a la nueva Libia, es decir, la venganza sangrienta y la sinrazón, ajena por completo al derecho y a las leyes, por doloroso que sea el pasado del país. Desde luego, las imágenes del dictador y de su hijo Muatassim minutos antes de morir distan mucho de un concepto civilizado del Islam, mal que les pese a los impulsores de la alianza.

Casi al mismo tiempo y a muy poca distancia, los tunecinos abrían una ventana de esperanza con un proceso electoral que los observadores internacionales han aplaudido por la ausencia casi total de incidentes. El primer país árabe que se echó a las calles para acabar con la corrupción y el despotismo ha sido también el primero en abrir las urnas.

Encrucijadas Árabes

Antes de entrar a establecer cualquier comparación, me remito a “Encrucijadas Árabes”, de Gustavo de Arístegui (Ed. Singular), en cuyas páginas el diputado del Partido Popular saca a relucir otra vez su incontestable magisterio en estos asuntos. Arístegui alerta de los análisis superfluos y de los tópicos con los que desde esta orilla del Mediterráneo se ha hecho tabla rasa de los levantamientos de este año en las naciones árabes, con visiones de trazo grueso muy generales y, por tanto, erróneas.

En Túnez, un formación islamista, En Nahda, va a pilotar el proceso constituyente que debe desembocar en la convocatoria de elecciones. A su frente se encuentra Rachid Ghanouchi, al que esperemos – ¡ Inshallah! (Si Dios quiere) – que las dos décadas pasadas en el Reino Unido le hayan aportado proximidad a los usos y costumbres de Occidente, al igual que a otras figuras de su partido que se vieron obligadas al exilio durante la dictadura de Ben Ali. Ghanouchi dice inspirarse en el modelo de islamismo moderado turco al que al comienzo de las revueltas nos referimos en esta misma sección. Para él, la “sharia” (el cuerpo de derecho islámico), es compatible con un sistema en el que también la izquierda laica pueda tener un notable protagonismo.


Frente a este mensaje de consenso y unidad, los vecinos libios nos llevan a la duda. El hombre fuerte del Consejo Nacional de Transición, Mustafa Abdel Jalil, dejó claro el pasado domingo que la “sharia” será la base sobre la que se construya el Estado postgadafista. De momento, Jalil ha incorporado a su Gobierno a islamistas a los que se relaciona con Al Qaida. En Túnez no ha habido una guerra, mientras que en Libia queda el complicado desarme. Los tunecinos exhibían el domingo ramitos de jazmín. Los libios, fotografías junto a tres cadáveres descompuestos.


Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.