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Otras opiniones

La respuesta fue un mero farol

Diciembre 18, 2014

Él estaba entre medias, como un conejo de indias. Por suerte supo leer entre líneas y no contradecir la respuesta recibida. Hubiera generado tensiones innecesarias, todo por intentar demostrar quién tenia razón.


LINCOLN

Se miraron un instante. Habría pasado desapercibido a cualquiera. Fue lo suficiente como para darse cuenta de que habían hablado entre ellos. Un preaviso. La respuesta fue un mero farol. Él estaba entre medias, como un conejo de indias. Por suerte supo leer entre líneas y no contradecir la respuesta recibida. Hubiera generado tensiones innecesarias, todo por intentar demostrar quién tenia razón. Con elegancia, asintió aludiendo que las comunicaciones entre personas son complejas, y que nuestro trabajo consiste en minimizar ese absorbente espacio vacío donde ambos creen estar en común y no es así. Escogió diplomacia. No en vano decía Lincoln: cede en lo grande y en lo pequeño.

PÉRDIDA

El hombre estaba apenado. No se pierde un nieto todos los días. Aunque no fuera más que un embrión en el vientre de su hija, el dolor estaba ahí. Yo me sentí rápidamente empalizando con él, dada mi historia personal. Y le trasmití mi pesar. Las perdidas no se viven con la importancia que tienen, así lo aseguran algunos entendidos del ramo. El trauma en grande y no es tratado. Le trasmití mis condolencias y nos hicimos amigos. Pronto me estaría invitando a comer a su casa. ¡Cómo se forja la amistad! A partir de qué ingredientes más extraños aunque cotidianos. Solo que no siempre nos damos cuenta. Cuando me despedí, sentía un profundo respeto por el hombre que había perdido un nieto.

 
EXCESOS

Chocolate. Su perdición. Después de tanto tiempo, había abierto la veda. Pero no tuvo el acierto de controlar sus ansias, y cuando quiso darse cuenta, había ido más allá de la raya. Se vio sentado en el sanitario de su hermoso cuarto de baño durante dos largos soles con sus lunas, testigos de que el cacao, en exceso, puede ser un mal consejero de cama. Así las cosas, no podía dejar de pensar en que, cuando se recuperase, tenía que volver a probar esa increíble tarta de chocolate orgánico que le había llevado al cielo… y a los infiernos. Pero todo en esta vida trae dos caras. Pensó que era buena idea compartir la tarta con otra persona. Mientras albergaba estos pensamientos, se preparaba una infusión digestiva para suavizar el retortijón que acababa de sentir en el bajo vientre.

 
CAMBIO DE RUMBO

       ¿Cuánto quieres cobrar?

Ella le miró con cautela. Era una pregunta delicada, pero sabía que su interlocutor estaba prestando atención a posibles engaños. Si uno se fija bien, sabe darse cuenta de cuándo le están mirando en el alma.  Y ella lo sabía en estos momentos. Decidió apostar al alza, pero sin excederse. Su interlocutor debió notarlo porque dijo:

       No sé si podremos mantenerte en el puesto mucho tiempo, los números están muy apretados. 

Su puesto había salido a oferta de empleo. Después de varios años desempeñándolo ella, había llegado a su fin. Ella, sabedora que había cometido un error, le preguntó:

       ¿Cómo van a continuar el proceso de selección? ¿Cuáles son los siguientes pasos?

Lo mejor que tenía esta empresa era el trato. Realmente se portaban bien con ella. Tenía interés por mantener el puesto. Y su gerente la apreciaba. ¿Estaba dispuesta a cobrar menos por seguir haciendo lo que le gustaba? Tendría una larga noche de insomnio.

 
REGALÍAS

Era la segunda vez en una semana. Con su mejor criterio había propuesto una auditoría al proceso. Consideraba que se estaba desviando del objetivo. E inexplicablemente, se había encontrado con que el alcance había variado. Ella no estaba haciendo parte de su cometido. Y lo estaba asumiendo él. Pero escalarlo no había resultado como esperaba. Cuando proponía algo que enfrentaba a su jefe con ella, salía perdiendo. El refrán dice que no hay dos sin tres, pero prefería evitarse una tercera trasquilada.

© Javier González Cantarell