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Otras opiniones

La realidad velada

Diciembre 1, 2010

Ahí estaba, mirándole fijamente a sus ojos. Sonriendo suavemente. Desvié la mirada mientras daba unas vueltas con la cucharilla para disolver la sacarina. Él seguía hablándome de un tiempo que para mí ya había hecho Historia. Como si ya no fuera yo la protagonista.

Él recordaba momentos que, sin duda, había idealizado. Invocaba escenas que yo había abandonado en el fondo del cajón del olvido. Removía entre su memoria, destapando vivencias que hacía tan reales que casi se interponían entre los dos… como un velo.

Efectivamente… como un velo. Un pedazo de tela delicada que nos permitía entrever nuestras vidas, pero sin llegar a formar parte el uno del otro. El velo de lo que no puede ser.

Sus ojos se iluminaban avivados por el ensueño; y yo comprendía poco a poco, que él ya vivía para el pasado. No quería el futuro y el presente era dolor. El dolor de la verdad, que desgarra el alma y hace sangrar el corazón. La congoja de quien no puede amar más que lo que es ilusorio.

Miré sus manos. Apenas se movían. Su energía vital se concentraba en otro tiempo.

Me invadió un cariño indefinido, incondicional.

La alarma del móvil me devolvió a mi frenesí habitual: ¡tenía diez minutos para llegar a tiempo a la cita con uno de mis clientes! Así que sacudí –imaginariamente- el velo y le espeté un beso en cada mejilla, lo que le hizo descabalgar bruscamente de su mundo irreal…Ese adiós era sin duda un adiós que yo intuí para siempre y que dedicaba a un hombre que formaba parte de un tiempo pretérito.

Cuando colgué el teléfono tenía la certeza de que la vida me había enredado de nuevo en un laberinto sin salida, para enfrentarme a mis capítulos sin final. Ahí tenía mis deberes sin hacer. Mis círculos sin cerrar. El círculo de aquello que pudo haber sido y que no fue; y el círculo de quien te quiere hacer creer lo que nunca hubiera podido ser… O eso al menos creía yo…

Esa misma tarde lluviosa de noviembre acudía a mi cita anual al acto organizado por Caja Navarra. El objeto de esta convocatoria era presentar, un año más el libro de Saviálogos. El acontecimiento gira en torno a reuniones mantenidas por los más prestigiosos expertos del país para debatir y determinar los problemas más acuciantes de la sociedad actual. Personalidades de todos los campos analizan y descifran temas candentes e irresolubles desde el punto de vista de un ciudadano medio, por lo que no cabe duda que acudir a este encuentro satisface mis ansias por aprender y mi curiosidad por verme entremezclada con los hombres y mujeres que no saben quién es Belén Esteban.

Desde el lugar en el que me encontraba sentada entre el público, podía casi escanear los rostros de todos aquellos “savios” sentados en sus respectivas sillas , astutamente colocadas sobre el escenario.
Sin embargo, este año no fue como todos los demás, este año fue diferente, porque entre aquellos hombres ilustres recobró fuerte presencia uno en especial que destacaba en primer término por un atractivo físico evidente para cualquier fémina, y segundo por un speach absolutamente colosal yque produjo en mí efectos afrodisiacos.

– Ramón , ¿Quién es él? Le pregunte a mi acompañante.

– Él es…el “savio” más importante de los que están aquí.

– ¡ Quiero que me lo presenten¡ Exclamé yo sin atisbo de duda alguna.

Apenás había terminado el evento cuando me disponía a salir por la puerta cuando alguien a quien no pongo cara me hacia la indicación de no salir.

– Eloísa un momento, te quiero presentar a….

– Ah hola , encantada, me ha gustado mucho tu punto de vista sobre el tema de la crisis actual.

No me lo podía creer, allí estaba yo, frente a frente con el aspirante al Premio Nobel, sin apenas saber que decir y como unos nervios que me retrocedían a los exámenes de Derecho Civil orales de la carrera.

Justo cinco minutos de conversación sirvieron para que todos los sistemas físicos y químicos de mi cuerpo se pusieran en marcha al mismo tiempo, temiendo el momento en que pudiesen fundirse mis plomos. No podía creerme que la versión mejorada del compendio de todos mis ex me hubiese estado buscando entre todos los asistentes con ánimo de serle presentada.

– Eloísa te importa darme tu número de teléfono, me encantaría invitarte a cenar mañana…

…Y así es como por fin casi a mis cuarenta tacos y harta como Diógenes de buscar a un hombre (como Dios manda) puse fin a una vida repleta de fantasmas, cobardes e inmaduros…Había llegado mi momento de iniciar una nueva etapa donde debía cambiar las tabletas de chocolate abdominales por las circunvoluciones cerebrales de mi querido sabio y hombre perfecto…Por fin encontré a un Príncipe que no destiñe….

Teresa Bueyes