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Otras opiniones

La quimera

Febrero 6, 2010

Cuando pensaba que todo estaba ya escrito, apareció ella. Como quien espera un rayo de luz en plena tormenta, con poca esperanza, pues las nubes tienen tal espesor que resultan impenetrables.

Su figura magistral, soberbia, ejemplar. Sin duda para mí la perfección, una belleza que jamás había visto, ni siquiera imaginado. Le faltaron segundos para convertirse en la guardiana de mis sueños de amor.

Soy incapaz de recordar el lugar, tampoco la hora. Tan sólo sé que había luna llena, que una melodía de piano era todo lo que podía escuchar en aquel momento. Sutil melodía que embelesa, así como su voz, su respiración. Me dejé seducir, entregándome como si nada. Como si nada…

Sus ojos me miraban con exaltación, invitaban al delirio. Aproximándose a mí, quería ser su víctima, dejarme robar hasta el último suspiro. Ladrona, reina del frenesí. Sus labios, incomparable dulzor mil veces peor que una droga.
 Aún en mi inconsciencia, sabía que la adicción me mataría después. Pero no me importaba, no me importó nada. Me convertí en un títere, su piel mi objetivo, su ser mi horizonte. Habría pasado toda una vida besando sus ojos.

Recorrí su espalda, queriendo encontrar un lugar de reposo, de recreo. Mis manos paseaban por su cuerpo, se perdían en su pelo. Rocé sus labios y bebí de ella, los suspiros que me regaló se abrían camino ante las notas del piano.

Quise olvidarme de la vida misma despojándola de su ropa, su aroma latía cada vez más fuerte. Ella podía sentirme, podía leer la sed en mis labios. Sellaba su boca con besos. Mi saliva, la tinta. ¿Se puede rozar así la perfección?
Mezclar el placer y el sentir en la misma botella y poder agitarla después. ¿A qué sabe lo sublime?

Su cuerpo y el mío dejaron de ser dos para fundirse en uno. Dejé de escuchar el piano, un pitido intenso en los oídos, lo había conseguido. Estaba en sus manos, toda mi vida se redujo a un instante y ella era la dueña.

Como una vela, me derretí poco a poco, derramándome sobre su piel desnuda. Me miró por última vez, y sus párpados se cerraron mientras temblaba entre mis brazos.

Desperté sobre mis sábanas, aún estaban húmedas, guardaban el calor. Busqué la botella, ni rastro… parecía como si cada una de sus huellas se hubieran borrado.

Es por eso que me hallo ahora inútilmente intentando describirla porque soy incapaz de recordarla.


Mary Lou