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Mensaje en una botella

La primera vez nunca se olvida

Enero 14, 2015

Soñaba con volver a verte algún día. Y ahora que he vuelto a encontrarte, no pienso perderte. Tenerte entre mis manos es una sensación tan parecida al placer, que me hace dudar de lo que hasta ahora identificaba con el placer. Te siento tan cerca, que es como si estos años que nos han separado tan sólo hubieran sido un suspiro. Es como si el último día que te vi hubiera sido ayer. Por ti no ha pasado el tiempo. Ahora alcanzo a comprender que una Olivetti Lettera 25 es para siempre.

Llegaste a mis manos en aquellos años 80 en los que la vida era más austera, aunque la enseñanza que recibía en el Instituto Nacional de Bachillerato Carlos III no escatimaba recursos y había despertado en mí el interés por las Letras. Fuiste un sueño hecho realidad para un niño que quería dedicarse a escribir cuando fuera mayor. Aprendí a escribir a máquina sobre tus teclas a la velocidad de mis sueños, que era superior a la velocidad que garantizaba el manual de mecanografía que me había regalado mi Madre.

Cada pulsación sobre tus teclas contribuyó a llevarme de viaje a través de la imaginación. Contigo llené de palabras unos folios que todavía hoy me acompañan en cada mudanza. Siempre llevo a cuestas aquellos primeros papeles llenos de mis primeros relatos. Nunca has dejado de ser el vehículo que me enseñó a soñar con mis propias palabras, mi máquina de escribir, mi Lettera 25.

Las palabras que no envejecen

Hacía tiempo que no tenía noticias de ti. La llegada de los ordenadores personales te dejó arrumbada en un rincón. El Amstrad proyectó un eclipse parcial que pronto se convertiría en total. Y a ese eclipse, sucedieron otros hasta acabar en esta generación de ordenador portátil, tableta y teléfono inteligente. Pero ayer volvimos a encontrarnos en ese mismo rincón de mi habitación de niño y hoy sé que no volveremos a separarnos.

Estás igual que siempre. El sonido de las teclas sobre el rodillo, las letras impresas en tinta sobre el papel, las líneas escritas ajustándose al tabulador o el aviso del timbre cuando se acerca el borde del margen. Eres digna representante de la estirpe nacida en octubre de 1908, cuando Camilo Olivetti decidió fundar la primera fábrica italiana de máquinas de escribir de Italia que luego exportaría sus productos a España.

Sigues igual. Me haces sentir tan joven como las palabras que no envejecen. Ahora tendrás un nuevo rincón en mi habitación de adulto. El ordenador portátil y la tableta te contemplarán, pero ya no habrá eclipses. No serás un artículo de decoración vintage. Serás lo que siempre has sido, seguirás siendo la primera. Después de ti han venido otras máquinas y he procurado portarme de la mejor manera  con ellas. Pero ninguna es como la primera. Porque la primera vez nunca se olvida.

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero