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Otras opiniones

La pocilga

Febrero 28, 2010

Si los españoles leyeran el libro de José García Abad –me quito el sombrero ante tamaño ejercicio de valentía y decencia profesional en los tiempos que corren-, titulado “El Maquiavelo de León”, probablemente a esa hora se habrían dirigido a su banco a retirar sus ahorros y buscar refugio a la sombra de un pino.
 
¡Vaya panda!
 
En ese trabajo, netamente periodístico, García Abad introduce su lupa en el corazón del poder zapaterista, es decir, del poder en la España de hoy, y lo que se olfatea pone los pelos de punta. O los huevos a escalfar. ¡En qué manos estamos!
 
¡Qué jarca! No valen las ideas, ni el talento, ni la verdad, ni nada de nada. Y lo que es más importante, el discurso que tratan de inocularnos todos los días. Patrañas y farsas. Todas a una.
 
Lo que vale es el poder. Punto y pelota. Empezando por el “Maquiavelo de León” (Zapatero), que se cree un genio y su gran cosecha son cinco millones de parados, un país en ruina y con un “pocilga” (el partido en expresión de Willy Brandt a Felipe González) que no osa siquiera mirar a los ojos al jefe porque te fulmina. ¡Viva la democracia!
 
Los entresijos de los principales nombres de ese poder –desde el BBVA a Telefonica, pasando por Paradores, la CNMV y el “sumsum cordam”-, Pepiño, Salgado, Fernández de la Vega, Sebastián, Caldera, Javier de Paz, Zaplana -sí, sí, Zaplana-, resultan al fin y a la postre una camarilla asociada para mayor honra y gloria de sí mismos y de sus pecunios donde al final sus discursitos no son otra cosa que un banal ejercicio de “atrezzo” para, digámoslo claramente, engañar al pueblo.
 
Me recuerda mucho este trabajo al que yo he hecho dentro de la derecha española. Así que, vete preparando Pepe que te va a caer encima fuego granedado. Te lo digo por experiencia. Y por eso mismo tiene este trabajo de García Abad tanto porte y tanta credibilidad.
 

La “factoría Contreras”

 
Hete aquí que Zapatero pasa olímpicamente de sus ministros pero no de sus edecanes mediáticos. Un montón de altos cargos en el BOE, 670 asesores pá ná. Lean los que cuentan: Miguel Barroso, marido de Chacón (todo queda en casa), José Miguel Contreras, Antonio García Ferreras como secundario y una pléyade de gentes que trabajan para el maquiavelito leonés con verdad o con mentira. Lo importante es halagar al empleado público número uno de España y transmitir lo que no es. Punto. Lo decisivo no es la verdad, el interés del pueblo, no. Lo importante es mantener en el machito. Disfrutar a borbotones de el.
 
Me ha sorprendido mucho ver entre los amigos íntimos del tipo que ha colocado a España a la “altura del betún” (“The Wall Street Journal”) a Óscar Campillo, actual jefe de la televisión regional de dos empresarios de vitola de grandes aplicadores del Código del Buen Gobierno. Uno, Michel Méndez Pozo, que conoció en su día el traje de rayas; el otro, José Luis Ulibarri, aspirante con fundamento a vestirlo. Me sorprende lo de Campillo, aunque no le conozco, por dos razones. La primera porque me han dicho que es persona de talento lo cúal se compadece mal con el cosmos zapaterista de mediocridad suprema y analfabetismo acreditado. La segunda porque, según me cuentan, es también íntimo del presidente regional castellano-leonés, Juan Vicente Herrera, que está a la derecha de la Santísima Trinidad. ¡Otro genio!
A ver si este plumífero leonés, ex colaborador de Pedro J. en un diario nada sospechoso de asaltar el Palacio de Invierno, nos va a salir Metternich que lo mismo le daba al antiguo régimen que a los bakunis de nuevo cuño. No he leído su biografía sobre ZP, pero lo mejor favor que podía hacernos Campillo  es decirle a su amigo que se vaya hacer puñetas. De paso que juegue con el pan de sus hijas y les compre alguna correíta de esas que hacen furor entre los grupos marginales. Ya nos ha hundido personal y colectivamente bastante.
 
Pero, amigos, olvidan todos estos traficantes del poder que todo esto es flor de un día. Mucha mentira, mucha manipulación, mucho detritus amarillo, pero al final el pueblo se percatará de su catadura y como no podemos (ó quizá no debamos), alzarnos en armas nos levantaremos en las urnas o quizá mejor: con una peineta de esas que tanto le gustan a “franquito”.  
 
Prometo que a partir de ahora en lugar de leer libros documentados sobre los que nos mandan voy a adquirir la colección entera de cine western y, de paso, ayudo un poco a salir de la quiebra a Cebrián y Cía.
 
Lo dan gratis.
 

Graciano Palomo es periodista, analista político y editor de Ibercampus.es