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A renglón seguido

La Paz de Padilla

Septiembre 26, 2017
padilla franco

De todo tiene que haber en la viña del Señor: unos tienen vista de lince; otros corren que se las pelan; un buen puñado se salta las normas a la torera; los más hábiles se mueven como pez en el agua; y algunos continúan actuando como torpes rapaces; pero no por su condición de mocosos infantes incapaces, sino porque no las ven venir; o bien, no las pillan al vuelo.

De entre las aves de presa, una le prestó su nombre de pila a una desaparecida marca de cerveza de altos vuelos. Asimismo posó para la numismática. También le cedió los trastos, en plural, a la toponimia de un pueblo murciano. Pero la que aquí nos ocupa es la alada estampa que descansa en el trasnochado lienzo nacional ´de la garra´ del yugo y las flechas: el Águila pasmada.

Precisamente así se quedaría parte de los asistentes al coso taurino de Villacarrillo –tiene mérito el nominal bautismo del jienense municipio cuando el gallego al mando- para ver la faena de Juan José Padilla. No salió a hombros; si bien, reposaba sobre los suyos, como premio al encomiable esfuerzo de retirar de la circulación por la dehesa al astado de turno, una bandera preconstitucional. Sí, la que lleva incorporada la azabachada águila de plegadas alas.

Apuntó el amo y señor de la montera, entrando al trapo de las declaraciones, que no vio “si era constitucional o no”, posiblemente por la evidencia de su parcial invidencia; pero, y siempre desde su punto de vista, reconocida la imagen del ave nacional no se halló “incómodo”. Tirando de fluidas verónicas filosofales apuntó: “el problema que tenemos los españoles, no es si la bandera tiene el águila o no”; pero sin llegar a desvelar qué es lo que realmente, a su juicio, nos ocupa y desvela.

No le bastó al torero con echar sobre sus espaldas el insoportable peso de cuatro décadas de historia, sino que, como buen atlante patriota, acarrea, aparejadamente, el reflexivo contenido de sus declaraciones: “Ese símbolo es una cosa del pasado […] vivo en el presente”, tiempo que el espada se pasa por la patilla; en su caso por las patillas. Diríase que el oneroso pasado le impide mirar, al cincuenta por ciento, claro hacia el futuro.

El ´pirata´ del albero, “con –´sabiniano´- parche en el ojo”, pone una vela a Dios y otra a Lucifer, situándose en una protectora equidistancia (la paz de Padilla) no carente de ambigüedad, sin despejar la incógnita de si osaría arroparse bajo el tafetán tricolor de la res publica. Queda mostrado que se le ha visto la pluma al migratorio pájaro de luces.

Y en medio de este arenoso trajín, a la silueta del toro de Osborne le han parido un competidor muy vivales: Bad Toro, con arrostrado trapío, enfurecido semblante, ´trípedo´, zaíno y bien ´criadillo´, que ha pasado por los tentaderos de la justicia europea como filtro previo a su oficialización.

Bienvenido al ruedo del diseño gráfico.

Paco de Domingo