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El mayordomo

La pasarela Cibeles y el declive de la moda española

Septiembre 26, 2010

El que la inmensa mayoría de nuestros modistos, tanto de ropa masculina como de femenina, sean unos grandes desconocidos en el mundo de la moda mundial no resulta ya ninguna novedad. Sin embargo, el que éstos se empeñen año tras año en prolongar esta situación con sus más que poco acertadas colecciones no deja de resultar paradójico y sorprendente. Tras ver lo que nos ofrecieron la semana pasada en Cibeles se empieza a explicar porqué muchos de ellos no pueden hacer frente al alquiler de sus showrooms y porqué sin la ayuda de la Comunidad de Madrid nuestra pasarela moriría en muy pocas ediciones. 

Nadie espera, y menos después de asistir a la 52 edición de Cibeles, que la conocida como “Cibeles Madrid Fashion Week” esté a la altura de pasarelas como la de París, Milán o Londres. Solo pequeños destellos de creatividad que rápidamente desaparecen entre la gran hoguera de la mediocridad hacen que más allá de compartir el apellido “fashion week” nada tengan en común. 

Las pasarelas de Londres, París o Milán tienen repercusión en todo el planeta y sin lugar a dudas, lo que se ve allí marca de alguna forma las tendencias que sigue el mundo de la moda. Raro es el medio que no se hace eco de lo que allí se ve y escucha. Por el contrario, la repercusión de la semana de la moda de Madrid es inexistente fuera de nuestras fronteras y año tras año pasa con más pena que gloria incluso en nuestro propio país. 

¿Alguien se imagina, por ejemplo, un asiento libre durante las pasarelas de Paris o Londres?. Pues en Madrid hubo; y muchos. Incluso tuvimos que presenciar, no sin cierto rubor, como se pedía a los asistentes que bajaran de sus localidades a las primeras filas para evitar cierta sensación de desolación. En las pasarelas de cierto renombre conseguir un asiento en las primeras filas se antoja misión nada fácil y son ocupadas por norma general por personajes públicos, modelos y rostros conocidos mundialmente. Desgraciadamente, todos estos estuvieron ausentes nuevamente en Madrid. 

Fotógrafos y críticos de fama internacional han preferido una vez más dormir la resaca producida por la semana de la moda de Londres y esperar a que se encendieran las luces de la semana de Milán para disparar sus cámaras y descargar nuevamente sus plumas. Algo parecido han debido de hacer las modelos más internacionales quienes siguen sin tener a nuestra semana de la moda en sus agendas. 

Esto unido a la sin razón de varias ciudades españolas de contar con diferentes semanas de la moda en un país donde precisamente no abunda ni el interés por ésta ni la calidad de sus diseñadores, hace que España no aparezca ni en el más humilde puesto del mapa de la moda internacional. 

Si bien sería demasiado presuntuoso por nuestra parte entrar a analizar y estudiar la particular visión de nuestros creadores en lo que se refiere a moda femenina, no tenemos inconveniente en hacer lo propio sobre su concepto de hombre elegante, moderno y estiloso. 

Cuesta entender como nuestros creadores no se percatan de que incluso en su propio país resulta prácticamente imposible encontrar sus creaciones en las calles más representativas. Quitando nombres como Adolfo Domínguez o Victorio&Lucchino quienes aprovechando el tirón que tienen sus creaciones entre las damas exponen también en sus tiendas conjuntos para hombres, pocos son los nombres que se convierten en objeto de deseo como para poder contar con una boutique propia y orientada en exclusiva al hombre. 

La realidad que hoy nos encontramos es que siguen siendo principalmente las casas italianas las encargadas de vestir a los hombres más pudientes y elegantes de España. Se me antoja difícil después de preguntar a un nutrido número de caballeros españoles conseguir un consenso en los nombres de aquellos modistos españoles que les inspiran a la hora de vestirse y comprarse su ropa. Sin embargo de hacer lo propio con nuestros colegas italianos seguro que sería más fácil conseguir muchos nombres y también lograr un consenso en estos. 

Nuestros modistos definitivamente deberían proponerse como reto desbancar, al menos en su propio país, a sus colegas italianos e ingleses. De tener la posibilidad de pasear por el triángulo de oro de la capital de España observaremos que las principales boutiques de hombres siguen teniendo nombres italianos como Ermenegildo Zegna, Brioni, Dolce&Gabbana, Etro, Armani, etc. Y las que encontremos con claro acento español exhiben en sus escaparates prendas con nombres italianos como Fay, Moncler, Iceberg o Jacob Cohën. 

Alguien tendría que preguntar a Esther Lebrato si de verdad el hombre al que ella considera estiloso es un caballero disfrazado de arlequín. Seguro que más de un caballero agradecería, igualmente, si Cruz Castillo le pudiera explicar qué tiene de elegante acudir a tomar el aperitivo o acudir de compras vestido con un atuendo pensado para meterse en la cama. 

De conseguir alguna respuesta a estas preguntas estaríamos en una buena posición para intentar comprender cuál era el mensaje que Carlos Diez y Antonio Alvarado nos quisieron trasladar con su más que particular idea de hombre y estilo. 

A Ana Locking alguien le tendría que indicar que a pesar de los grandes avances que ha habido en la igualdad del hombre y la mujer, él y ella son por naturaleza sencillamente diferentes y no se puede vestir a él como se haría a ella. Un hombre por moderno que lo queramos hacer queda ridículo con faldas y collares. Otros diseñadores como Francis Montesinos seguro que emplearían mejor su tiempo si se centraran en la colección de mujer y dejaran la indumentaria del hombre a colegas mejor preparados. 

Aunque Adolfo Domínguez o Roberto Verino no aportaron nada nuevo, al menos no cayeron en la chabacanada que Cibeles nos mostró. 

Una de las incógnitas que nos deja la 52 Edición de Cibeles es si algún día llegaremos a cruzarnos con un caballero vistiendo uno de esos conjuntos de “chaqueta” de colores chillones de David Delfín. A pesar del gran interés que despertó su desfile, David Delfín sigue empeñado, no sabemos si por eso de que estamos en crisis, en vestir con los mismos conjuntos al hombre y a la mujer algo desde nuestro punto de vista carente de sentido. 

Una vez echado ya el telón de la pasarela Cibeles podemos decir hoy con más fuerza que nunca como decía Humphrey Bogart….siempre nos quedará Paris. 

Jeeves
elmayordomo@extraconfidencial.com