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Otras opiniones

La noche es compañera y confidente

Julio 24, 2014

INMIGRANTE

El obrero achicaba el barro con una paleta. El color del gres se oscurecía en contacto con el agua sucia, tomando la tonalidad de piel del hombre. India vino a mi mente. Calles con cañerías rotas vertiendo líquidos. Colores ocre. Calor. Me acerqué al trabajador y le pregunte de dónde era. Mi curiosidad se vio satisfecha. Era del sur, cerca de Kerala. Sus ojos transmitan una mezcla de suplica y déjame en paz. Entendí que una parte de nuestra cultura se había impregnado en sus hábitos. Le deseé un buen día, a pesar de que iba a ser una calurosa jornada de trabajo. Al alejarme, sentí su presencia fija en mí. Me giré para ver sus negros ojos, ahora sí, con la mirada profunda y curiosa que había conocido en mi viaje a India.

AMANTES

Las sabanas se tornaron rojo fuego. Al menos le pareció así a la luz de la penumbra. Entre ellas se empezó a tejer una historia. Según se entrelazaban sus piernas se abría un espacio de deseo. La libido se apropió de la noche y la luna salió al encuentro de los amantes. Las manos se buscaban junto al cabecero para quedar atrapadas entre los dedos. Daban vueltas sobre sí mismos. Alcanzaban el éxtasis sin remordimiento. La noche es compañera y confidente. La luz del sol es otra cosa. Viene el ajuste de cuentas con uno mismo y cada cual debe formar parte de su vida. Los amantes se despiden para volverse a encontrar.

DISTORSIONES

Un destello azul marcó el horizonte. Quedaba poco para el alba. Sería algún vehículo que cruzaba por la Ruta 66. Había dormido en un motel de carretera y tenía aún camino por delante. En pocos días había recorrido varios miles de kilómetros. Cuando se aproximó al punto donde había visto la luz, sintió una punzada en el estómago. Había alguien en el arcén. Tenía algo entre las manos. Se acobardó y pasó de largo y detenerse a mirar siquiera, por si acaso era un arma. No tenía intención de mirar a la muerte tan de cerca.

El topógrafo le miró pasar con curiosidad, preguntándose por qué aceleraría tanto.

RUMBO

Se quedó dormido en el vagón. Estaba cansado y vio salir a la gente sin dar importancia. Cuando quiso darse cuenta, el tren estaba en movimiento y en absoluta oscuridad. Sólo su equipaje estaba con él. Se encaminó hacia la cabina. El tren se desplazaba lentamente. Reinaba silencio. A medida que andaba sentía cierto temor. ¿Estaría en marcha hacia el próximo destino? ¿Tendría vuelta atrás? En el control del aparato no había nadie. Se dirigía remotamente desde algún centro de mandos. Sintió miedo. ¿Ahora qué? ¿Dormir ahí? En el exterior no se veía nada. ¿Donde terminaría? Se planteó si saltar por una ventana.

Despertó ansioso. A la mañana siguiente se aseguró de ocupar el puesto de maquinista en su tren de día.

INCERTIDUMBRE

Le recibió una familia encantadora, con sus rasgos típicamente anglosajones. Se instaló con ellos en su preciosa casa. Le asignaron una habitación de la planta de arriba orientada al sureste, con unas estimulantes vistas al mar. Se disponía a pasar tres meses de verano en esta localidad, escribiendo su novela. A la mañana del segundo día, el padre se desplomó al ir a trabajar. Bajó corriendo al escuchar gritos. En el suelo del hall se encontraba el hombre, inmóvil, en grotesca postura. La mujer e hijos corrían en todas direcciones. Creyó ver la imagen de un enjambre de avispas. Sintió el desconsuelo y hasta él mismo lamentó lo ocurrido. Le había resultado agradable el día de su encuentro. Se sintió un completo extraño fuera de lugar.

¿Y ahora qué?
© Javier González Cantarell