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Mensaje en una botella

La nieve y los Goya

Febrero 18, 2010

La vida ya no tiene emoción. Desde que he descubierto que en la Radio son capaces de anunciar la hora exacta en que comenzará a nevar, soy un hombre sin interés por la vida. ¿Para qué preocuparme por el porvenir? Si el ser humano es capaz de predecir a qué hora nevará, es capaz de pronosticar cualquier cosa.

La otra noche me encontraba en la gala de los Goya, junto al irreverente pero sabio Rafa Fernández, cuando consulté el reloj. Aún no había entrado al Auditorio del Palacio Municipal de Congresos, de manera que aproveché para arremolinarme en el hall y hacerme oir. “¡Mañana va a nevar a las 11 en punto, dos horas antes de que os reciba Zapatero en La Moncloa!”, proclamé en voz alta. Un ramillete de cómicos clavó sus ojos en mí.

Los actores, directores, productores y demás especies cinematográficas no daban crédito. Alguien era capaz de anunciar la hora precisa en que iba a nevar al día siguiente. Por sus caras de asombro fui capaz de extraer dos conclusiones: 1) la actualidad meteorológica no es su fuerte; y 2) les escocía recordar que el presidente del Gobierno les obligaría a levantarse antes de la hora de la comida.

La sorpresa de Almodóvar

La gala de los Goya ya no fue la misma. Minutos después, cuando comenzó la ceremonia, ninguno de ellos pudonolvidar a ese cachondo columnista del Extraconfidencial que había osado tocarles las pelotas. Pude verlo en sus caras, en los nervios que algunos no pudieron contener al entregar o recibir sus galardones, en cómo temblaban sus manos y piernas. Me sentí un monstruo. Sólo pensaba en huir de aquel lugar.

Vi mi oportunidad cuando Pedro Almodóvar apareció por sorpresa. Aprovechando que una gran parte del público se levantaba para aplaudir al hijo pródigo, puse pies en polvorosa. En medio de la confusión, salí discretamente del auditorio. Pero entonces, cuando creía estar a salvo, me encontré con un grupo considerable de asistentes a la ceremonia que había huido igual que yo… aunque por otro motivo.

Ellos habían escapado antes del final de la gala para poder pillar algo en el cóctel que ofrece la Academia de Cine cuando acaba la gala. La leyenda dice que sólo quienes escapan de la ceremonia diez minutos antes del final, logran echarse algo a la boca en el cóctel de despedida. Minutos después pude comprobar que así era… porque también yo aproveché para papear algo antes de irme.

Nada volvería a ser lo mismo

Con el estómago lleno, me largué en cuanto puede para evitar cruzarme con el grueso de cómicos… por miedo a recibir su desaire. Alcancé la puerta de salida y respiré el aire gélido de la noche. Minutos después, me perdí en medio de la oscuridad.

Al día siguiente comenzó a nevar a la misma hora que había anunciado Mamen Rodríguez Sastre en el programa de noticias que presento en Onda Cero. Con precisión absoluta, los copos de nieve cayeron uno a uno a la hora prevista. La vida acababa de perder toda su emoción. Nada volvería a ser lo mismo. La marmota Phil tendrá que prejubilarse.

He perdido el interés por la incertidumbre, por la aventura, por el no saber qué va a pasar. ¿Cuál será el siguiente paso? ¿Predecir los resultados de la Liga de Fútbol? ¿Anunciar quién va a ganar las elecciones? ¿Vaticinar el ganador de Eurovisión? ¿Augurar quién será el vencedor de Gran Hermano? ¿Adivinar de qué hablaré en mi próxima columna? Bueno, esto último ni siquiera yo lo sé.


Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

jdguerrero@extraconfidencial.com