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Los puntos cardinales

La muerte de Trayvon resucita a Luther King en campaña

Abril 2, 2012

Desde luego, nadie lo quería pero un elemento de confrontación racial se ha instalado en la campaña presidencial estadounidense. Una noche del pasado mes de febrero, el joven afroamericano Trayvon Martin moría abatido de un disparo en el pecho. El proyectil había sido escupido por la semiautomática de 9 milímetros que George Zimmerman portaba y de la que estaba en posesión de la correspondiente licencia. En el momento de los hechos, Zimmerman paseaba por su barrio de Sanford, en Florida, realizando labores voluntarias de patrullaje ciudadano. El aspirante a modélico vecino extrajo sus propias conclusiones al ver a un muchacho negro con el rostro casi oculto por la capucha de su sudadera. Con ese aspecto y con unos cuantos capítulos de “The Wire” en la memoria del vigilante nocturno, para él lo lógico fue deducir que Trayvon era un peligroso drogadicto. Minutos después se comprobó que quien yacía en un charco de sangre era un muchacho como los demás, una víctima inocente más de la orgía de armas en la que se hallan ancladas algunas zonas de Estados Unidos y que el polémico Michael Moore supo plasmar en su oscarizado documental “Bowling for Columbine”.

La rápida indignación social y las iniciativas de la familia del fallecido, amparada por destacados líderes de la comunidad negra, han llevado el caso hasta Washington. Quizá en otras circunstancias también hubiesen llegado a la capital federal. Pero ahora cobra otra dimensión, como lo demuestra el hecho de que el candidato a la reelección, Barack Obama, haya llegado a asegurar que “si tuviese un hijo, sería como Trayvon”. Y, pese a la delicada coyuntura, nadie le puede acusar al presidente de oportunismo electoralista con el cadáver aún reciente. También el reverendo Jesse Jackson, siempre en primera línea de cualquier causa racial, ha denunciado la desigualdad y el complicado perfil étnico del país.

Pese a ser multitudinarias, las protestas más numerosas no han salido de Florida, de manera que por ahora no se puede establecer un paralelismo con los disturbios que se produjeron en 1991 tras la brutal agresión policial a Rodney King y que hicieron padecer a Los Ángeles el estallido de una batalla de origen afroamericano que rápidamente derivó en un choque generalizado al que se fueron sumando asiáticos, hispanos y blancos.

En California también hay venta libre de armas, al igual que en Florida. Sin embargo, la gran diferencia es que en la tierra de los pantanos desde hace siete años está en vigor una ley impulsada por Jeb Bush cuando era gobernador del Estado que permite que una ciudadano pueda disparar contra otro si se siente en peligro, lo que en la práctica supone volver al ambiente de las calles del siglo XIX, cuando un trozo de plomo perdido del calibre 45 podía salir al encuentro de cualquiera.

El ex gobernador Bush es consciente de las escasas posibilidades que tienen sus compañeros republicanos para encontrar a alguien capaz de medirse a Obama. Y por ello ha preferido manifestarse en contra de que al vigilante homicida se beneficie de la legislación que él mismo impulsó y que ha provocado esta muerte inocente. Pero el daño está hecho y el recuerdo de los tiempos de la segregación demasiado presente en un año electoral.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.