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¡Qué fuerte!

La memoria de los olvidados

Septiembre 23, 2010

Entre 1936 y 1950. No vale 1935 ni 1934. Una pena, porque lo que les voy a contar sucedió justo antes de 1936. Hombres y mujeres vejados, torturados y asesinados por republicanos. Historias de hombres y mujeres en el olvido, silenciadas, acalladas para olvidar cuanto antes el doloroso recuerdo ante la necesidad de salir adelante y comenzar una nueva vida sin mirar atrás. Dan igual los nombres y los lugares donde sucedieron estos hechos, lo importante es que sucedieron, existieron y sufrieron en su piel el odio por no compartir las mismas ideas.

La crueldad ilimitada del ser humano

Justo antes de que comenzara la Guerra Civil, hombres y mujeres entraban en las iglesias a destrozarlas y quemar imágenes. También saqueaban casas y robaban lo escaso que tenían para comer, la cosecha de ese año y los pocos animales con los que se mantenían. Por no compartir la misma ideología se llevaron las cuatro cabras que tenía aquel hombre y, de paso, mataron a su padre, anciano, que encontró la fría muerte sentado en su silla de anea. Al vecino le cortaron la cabeza y se la llevaron a la iglesia donde, en el pasillo central, jugaron un partido de fútbol con ella. El resultado de ese macabro partido fue lo menos importante pues todos eran del mismo equipo. Ese resultado no hizo ganar ninguna quiniela y quedó en el olvido. El cura apaleado y arrastrado hasta morir por no querer decir la frase “muerte a Cristo, Rey”. El siguiente caso no tiene nada que envidiar a los posteriores campos de concentración, que bien pudieron tomar ideas de todas estas vejaciones bárbaras que se realizaron con anterioridad porque, es absolutamente cruel encerrar a un grupo de hombres en una celda completamente aislada con varios braseros de leña encendidos. Casi murieron asfixiados. No lo hicieron porque alguien derribó de una patada la puerta y los pudieron sacar moribundos. Curiosamente, parece un cutre avance de las cámaras de gas de los campos de concentración nazis. Después de pegar hasta la extenuación a un hombre, este fue enterrado, todavía vivo, con una mano fuera, extendida, haciendo el saludo franquista. Mientras, sus sepultureros, pretendían que cerrara el puño para hacer el saludo republicano. Ante la negativa de aquel, iban metiendo cañas entre sus uñas. Finalmente el hombre murió asfixiado bajo la tierra y por tanto sufrimiento. Pero no sólo fueron hombres. También hubo mujeres que sufrieron vejaciones antes de 1936 y, en el caso que les voy a contar, no tuvieron tanta delicadeza como con las de después de 1936. A ella no tuvieron el detalle de raparle el pelo de la cabeza sino que, directamente se lo arrancaron y no fue de la cabeza precisamente, no, sino de la zona púbica. Lo que no sé exactamente es si fue violada antes o después de este acto tan bárbaro y cruel.


Aquellos años fatídicos

No sólo fueron las mujeres del bando republicano las que sufrieron vejaciones. También las del bando nacional las sufrieron antes y de éstas nadie se acuerda ni hay dinero para limpiar su honor, reconocer su sufrimiento y para que no caigan en el olvido. Esas mujeres, madres, hijas, hermanas que fueron vejadas antes de 1936 están condenadas al olvido. Aunque, sinceramente, no hay dinero que pueda indemnizar tanto dolor y tanto sufrimiento. Todos fueron malos, los de uno y otro bando. Ninguno fue mejor que otro. Fueron los años negros de España dónde sólo habitaba el odio, el rencor y la venganza y no cabía la razón, el respeto y la libertad. Ahora que sí caben estos valores y vivimos con ellos, ahora que el tiempo ha pasado y estas historias pertenecen a la memoria de nuestros abuelos, deberíamos dejarlas en paz, deberíamos dejar que sus memorias murieran con ellos para que así, no haya quién las remueva más. Aunque siempre habrá algún político andaluz demagogo y sin escrúpulos que remueva el pasado y las saque a la luz cuando se acerquen unas elecciones. 

Rosana Güiza