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Otras opiniones

La mejoría económica

Septiembre 15, 2013

El Gobierno, el Banco Central Europeo, la OCDE, FUNCAS y algunas de las principales agencias de calificación financiera, han anunciado, realizando una evaluación probablemente correcta, que en este mismo trimestre España dejará de estar en recesión estabilizándose su Producto Interior Bruto (PIB), que empezará incluso a crecer a partir del primer trimestre del año próximo.

El Gobierno se ha apresurado a lanzar las campanas al vuelo y, efectivamente, son grandes noticias….para unos pocos. En nuestra opinión, para la mayoría de los españoles tanto o más importante que el que crezca el PIB es la manera de conseguirlo y la distribución que se haga del mismo y en ambas cuestiones los trabajadores españoles están resultando damnificados de forma muy importante; de ello trata este artículo.

Todas las estadísticas y datos oficiales y la propia vivencia de la gran mayoría de los españoles demuestran que en España se están produciendo las siguientes circunstancias:

–Una agudizada caída de los salarios de los trabajadores acompañada de de un grave empeoramiento de sus condiciones laborales.

–Como consecuencia de lo anterior, una importante caída del consumo interno y ello pese al falseamiento sociológico que implica la inclusión en dicho consumo del realizado por el creciente número de turistas que nos visitan.

–Un importante incremento de las exportaciones, tanto por vía directa, cómo por la vía indirecta que constituye el turismo.

–Una sustancial recuperación de los beneficios empresariales que se refleja en la positiva evolución de los valores bursátiles.

Es decir, simplificando las cosas para que todo el mundo lo entienda: cada vez en mayor medida lo que producimos los españoles lo consumen los extranjeros y, lo que estos pagan, pasa a engrosar los beneficios empresariales mientras que los trabajadores ven reducida progresivamente su porción de la tarta.

Razones de mejoría del PIB

¿Cuál es la razón fundamental de las mejoras en la evolución del PIB español que, mientras cae la demanda interna, las Instituciones nacionales y extranjeras prevén?: obviamente, la reducción de los costes de producción que facilita las exportaciones, la cual sólo está siendo posible por la rebaja de los salarios de los trabajadores y el empeoramiento de sus condiciones laborales.

Merced a la reforma laboral en la que el Gobierno, actuando como brazo armado de la patronal, ha posibilitado el despido cuasi libre y sin coste para las empresas y la modificación unilateral por estas de las condiciones laborales, estamos inmersos en un proceso tendente a que donde había dos trabajadores que ganaban 1.500 euros mensuales, tenían una condiciones de trabajo dignas y no debían trabajar más tiempo que el establecido, haya solo uno que, si quiere conservar su puesto, tenga que conformarse con ganar 1000, prolongar al margen de la legalidad su jornada y soportar unas condiciones de todo tipo draconianas. Lo anterior, que constituye un proceso que se va agudizando progresivamente, permite que, poco a poco, vayamos pudiendo competir en costes laborales hasta con los chinos y que, en beneficio de las empresas y perjuicio de los trabajadores, el PIB mejore.

Una mejoría que no se palpa

Es un tópico el señalar que hay mentiras, grandes mentiras y estadísticas. El PIB de España mejora, es un dato estadístico objetivo, pero la gran mayoría de los españoles vivimos cada día peor (la caída del consumo interno que reflejan los datos oficiales lo demuestra y la realidad de la calle y las familias lo ratifica de manera palmaria) porque cada día disminuyen nuestros salarios y empeoran nuestras condiciones laborales y, gracias a ello, una pequeña parte de los españoles -los dueños de las empresas- y de cada vez más extranjeros que se están quedando con buena parte de ellas, están viendo engrosada su parte de la tarta en medida suficiente para compensar globalmente la disminución de la de la clase trabajadora.

Si usted tiene una cierta antigüedad en la empresa y, meced a su esfuerzo (del que la gran beneficiada ha sido esta) ha conseguido unas condiciones económicas y laborales dignas, no hace falta que le explique, porque si tiene la suerte de que no le hayan echado todavía ya lo está viviendo, que lo tiene francamente mal: o acepta un drástico empeoramiento de sus condiciones, o le sustituirán, prácticamente sin indemnización, por uno de los millones de integrantes del ejército de parados que esté dispuesto a trabajar 12 horas diarias por un salario de 700 euros.

La bolsa sube y la prima de riesgo baja sobre nuestro empobrecimiento

El que los trabajadores ganen cada vez menos y tengan peores condiciones laborales es la base sobre la que el Gobierno está construyendo la “salida” de la crisis y la “prosperidad” de España, aunque quizá lo más difícil de soportar es que, además de jodernos, nos digan que es por nuestro bien y que, como demuestran las subidas de la bolsa y la caída de la prima de riesgo, la vida es de color de rosa. La bolsa sube y la prima de riesgo cae porque el mercado valora la mejora de los beneficios empresariales, pero estos se están consiguiendo, no como debería hacerse tratando de incrementar el consumo interno real (lo que implicaría que los trabajadores viviéramos mejor) sino, todo lo contrario, sobre nuestro sacrificio y empobrecimiento en beneficio de las empresas.

 Pero la disminución de los ingresos y la degradación de las condiciones laborales de la clase trabajadora no es el único de los males e injusticias que se abaten sobre ella contribuyendo a empeorar sus condiciones de vida.

En España el PIB se distribuye en partes aproximadamente iguales del 50% entre rentas empresariales y del capital y rentas del trabajo; pues bien, el impuesto sobre la renta (IRPF), en el cual el 90% de la recaudación procede de las retenciones a los trabajadores, representa el 45% del total de los ingresos fiscales; los impuestos indirectos (de los que el  IVA, que grava el consumo final, proporciona el 90% de la recaudación) y que  recaen fundamentalmente sobre los trabajadores, que son los consumidores finales abrumadoramente mayoritarios, el 47% y el impuesto de sociedades, que pagan los empresarios, algo menos de 8% (todas las cifras proceden de los datos oficiales).

Excesiva carga sobre los trabajadores

Es decir, los trabajadores, que se quedan aproximadamente con el 50% del valor del PIB (con tendencia, además, como hemos visto, irrefrenablemente a la baja) pagan entre el 80 y el 90% de los gastos del Estado  y los empresarios y capitalistas, que se quedan con el otro 50% del valor del PIB, únicamente sufragan entre un 10 y un 20 por ciento (la concreción exacta de los porcentajes, dentro de los márgenes citados, depende de la estimación que se haga del consumo de los empresarios como personas físicas y su repercusión en el pago de impuestos indirectos).

El Gobierno fundamenta la mejora del PIB de España, que parece confundir con la mejora de esta, en que los trabajadores cada vez ganen menos y paguen más impuestos, exactamente al contrario que los empresarios y capitalistas. A algunos nos parece que más importante todavía que conseguir mejorar el PIB es que estuviera mejor repartido y, además, pensamos que dicha justicia distributiva, al aumentar la capacidad de gasto de los trabajadores, implicaría un incremento de la demanda interna con los consiguientes efectos en el PIB y con la diferencia de que también los trabajadores se aprovecharían de la mejora de este.

En todo caso, el que los trabajadores, en beneficio de los empresarios, cada vez reciban menos porción de la producción española y, además, soporten casi en solitario los gastos del Estado (los datos de Hacienda son terminantes) es evidente que sólo puede agudizar el proceso de caída de la demanda interna y sin la reactivación de esta y basándose exclusivamente en las exportaciones para compensarla parece imposible una mejora sostenida en la evolución del PIB. Como puso de relieve Marx, la avaricia de los empresarios para maximizar sus beneficios pagando cada vez menos a los trabajadores, a la larga debe llevarles también a ellos  a la ruina derivada de que no haya quien pueda comprar sus productos.

El realizar y promover el gasto improductivo de lo que no se tiene, como hizo el Gobierno de Zapatero, es evidente que resulta una política nefasta, pero el poner en bloque a los trabajadores a los pies de los caballos y hundir la demanda interna, como está haciendo el actual, nos parece casi peor. ¿No hay nadie con sentido común en el mundo de la política?

Adolfo Barrio