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Los puntos cardinales

La marea islamista no ha llegado aún a la “isla” argelina en el vigésimo aniversario de la victoria del FIS

Noviembre 30, 2011

Desde que comenzaron las revueltas en los países árabes hasta el momento hemos podido comprobar que los partidos islamistas que han moderado su discurso han logrado la confianza de los ciudadanos del Norte de África. Se vio en el apoyo mayoritario a Ennahda en Túnez, el primer país que se echó a la calle y a la vez el primero en comenzar la transición en las urnas. El viernes fueron los marroquíes los que certificaron que el favorito de los ciudadanos es Justicia y Desarrollo y, desde el lunes, la rama política de los Hermanos Musulmanes egipcios, Justicia y Desarrollo, también se sitúa como la gran fuerza del país. El islamismo también se ha instalado en el Ejecutivo libio, aunque en Trípoli todo es opaco, y nadie explica nada con suficiente claridad, si bien ya contamos en esta misma sección que la “sharia” sería la nueva base institucional del país. De modo que tenemos esa parte del continente a merced de grupos islámistas que se han visto obligados a maquillar el mensaje, aunque el Corán sea su inspiración.

Gobiernos despóticos amigos

Así que, a la hora de hacer balance de estos cambios históricos, habría que preguntarse cuál ha sido el papel de las potenciales occidentales, mirando para otro lado tras años de denuncias por abuso y corrupción sistemática en los regímenes de esos países que ahora abrazan a los “barbudos” a la puerta de las mezquitas. Digamos que Europa y Estados Unidos permitían esos gobiernos despóticos amigos. Porque esas denuncias se han extendido por igual contra la monarquía alauita en Marruecos que contra Ben Ali en Túnez, así como al clan de los Mubarak en Egipto. En Libia, por su parte, más allá de la corrupción, se ha acabado con una forma monolítica, absoluta y desde luego totalmente original de entender la política en un estado árabe.

Y llegados a este punto, merece la pena preguntarse por Argelia, la nación más grande y con más recursos de las cinco que configuran ese mapa norteafricano. El origen de su nombre procede de la voz árabe Al Yazair, la isla. El triunfo del islam político en la zona tuvo lugar precisamente allí hace ahora veinte años. El Frente Islámico de Salvación venció en la primera ronda de las elecciones y las autoridades de Argel interpretaron ese éxito del FIS como una seria amenaza a la estabilidad democrática, así que optaron por anular el proceso electoral. Nunca una decisión tuvo un efecto tan devastador, como lo demuestran los once años de guerra que se saldaron con alrededor de doscientos mil muertos.

En Argelia el ejército es muy fuerte, digamos que es la pieza clave del equilibrio en las calles y en la región de la Kabilia, la más compleja étnica y culturalmente. Y el hombre que atesora todo el poder es el presidente, Abdelaziz Buteflika, que en cada cita con las urnas ha logrado un respaldo mayoritario abrumador. Mano dura, por un lado, y espíritu de conciliación, por otro, todo ello plasmado en sucesivas medidas de amnistía y perdón para guerrilleros islamistas, decisiones que han suscitado la crítica y el rechazo entre los familiares de las víctimas del salafismo.

Hubo conatos de revuelta en las calles de Argel a primeros de año pero se evaporaron rápidamente. De momento, la principal preocupación es el reparto de los recursos que generan el petróleo y el gas en una sociedad con un índice demográfico muy elevado y una juventud a la espera de cambios sustanciales, tanto económico como político. Sin embargo, el hábil Buteflika sabe regular la válvula de la presión. Lo ha hecho integrando a islamistas arrepentidos a la vez que se constituía en la gran amenaza para las actividades de Al Qaida en la región.

Nadie es capaz de predecir el futuro, y hay quien vaticina que, llegado el caso, el levantamiento argelino sería incluso mayor que el egipcio. De momento, el régimen ha sabido lograr el silencio de las calles y de los titulares de la prensa internacional.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.