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¡Qué fuerte!

La máquina de la invisibilidad

Febrero 4, 2011

Si echamos un vistazo al panorama político y social actual, a algunos les vendría muy bien un invento reciente en el que casi, por arte de magia, nos podemos hacer invisibles gracias a la calcita, la polarización y un prisma. Eso que veíamos en las películas y con lo que todos hemos soñado alguna vez, quizás, algún día, pueda llegar a hacerse realidad y nos podamos convertir en “el hombre invisible”.

El invento no es tan sencillo pero podría explicarse más o menos de la siguiente manera para hacerlo inteligible: se colocan dos prismas de calcita en forma piramidal y, gracias a la polarización de la luz de este mineral, el objeto que se pone en medio se hace invisible al ojo humano. Es más complicado que esta simple explicación ya que, a día de hoy, sólo se ha conseguido hacer invisible un simple alfiler y un clip.

Zapatero, para evitarse así mismo

Una pena, porque a más de uno le gustaría poder pasar desapercibido en ciertos momentos y lugares. Por ejemplo, a Rubalcaba, para que el faisán no le cague encima ahora que le sobrevuela. O Berlusconi, para así escaquearse del juicio que se le avecina. Zapatero también estaría interesado en este invento, para evitar tanta preguntita insistente de si se va o se queda, por no decir para evitarse así mismo y su desastroso mandato. Por supuesto, los que seguro que quieren desaparecer son los millones de parados que no dejan de subir y subir.

Hasta yo querría hacerme invisible en algunos momentos para no tener que aguantar a ciertos necios engreídos o a ciertas malas envidiosas, pero no les daré el gusto. Claro que, también están los que a nosotros nos gustaría hacer invisibles para que no complicaran más la vida o para impedir ciertas tonterías y absurdeces como, por ejemplo, los Willy Toledo de turno –se me viene a la cabeza porque en unos días será juzgado por los incidentes en el Congreso-, o las Penélopes y Bardenes cuyas vidas y acciones nos importan un bledo y no pasaría nada si fueran invisibles, sobre todo para no tener que aguantar las incoherencias de sus pensamientos con respecto a sus acciones.

Los “otros” invisibles

Pero, independientemente de la política o del famoseo, al final, lo que nos toca la fibra y nos mueve siempre es lo sentimental y estos días es inevitable recordar que hace dos años Marta del Castillo desapareció de nuestras vidas. Su cuerpo se hizo invisible, como si se hubiera puesto en el lugar exacto en el que la pirámide formada por los prismas de calcita polariza la luz y, blufMarta se hizo invisible sin querer, desapareció para si misma, para su familia y para sus amigos. Se esfumó como una paloma en un truco barato de magia. Sus padres seguro que también quieren situarse justo en ese lugar de la pirámide de una manera indefinida.

Dicen que no hay nada peor en la vida que enterrar a un hijo. No es cierto ya que, saberlo muerto y no poder enterrarlo y llorarlo debe ser mucho peor. Estos padres, muertos en vida, sin esperanzas ya y destrozados, darían lo que fuera por hacerse invisibles y no tener que aguantar a unos niñatos que se ríen de ellos y de toda España al no decir dónde se encuentra el cuerpo de la chiquilla. Un dolor que se ha ido incrementando poco a poco, cada día, cada minuto, con cada búsqueda, con cada versión, con cada testimonio, con una esperanza que se torna en mera ilusión, un dolor traducido en desesperación cuando no se ve el final… ¡si pudiéramos hacer invisible al dolor!…

Rosana Güiza

rosanagüiza@extraconfidencial.com