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Mi Tribuna

La mano sobre la cabeza de Rato

Abril 19, 2015

Quizá sea la imagen que resume esta España de nuestros pecados. El impacto visual que traspasó fronteras para que nos llegaran lecciones morales… hasta de Argentina. La detención de Rodrigo Rato fue como la caída de un imperio, aunque luego haya que admitir matices legales en una acción con demasiadas aristas. Como ocurre también en esta España nuestra, nadie se pone de acuerdo. El caso es que, con las aclaraciones en manos de a quien corresponda, no sabemos si el ex ministro de Economía, ex vicepresidente del Gobierno, ex presidente del FMI y ex presidente de Bankia, entre otros muchos cargos, fue detenido un día y a una hora concreta para multiplicar los efectos mediáticos de una acción sin precedentes que pretendía proclamar a los cuatro vientos aquello de que la ley es igual para todos. Bueno, para todos menos los Pujol, que siguen disfrutando de un limbo inexplicable.

Pero vuelvo a la imagen. Tiene dos lecturas con mensaje incluido. Rato sale de su domicilio en calidad de detenido, pero lo hace sin esposar disfrutando de un privilegio que siempre es potestad de los agentes en función de la situación concreta. En este caso, el detenido colabora, está tranquilo, no muestra una actitud violenta ni hay indicios de que pueda intentar escapar. El código está claro, aunque es verdad que en la mayoría de los casos se aplica el protocolo habitual de colocar las esposas porque está en juego la propia integridad del policía que le custodia.

Sin las manos atadas se esquivaba el golpe visual de la vergüenza. Un escarnio para Rato, pero una mirada al pasado de lo que fue un político que recibió unánimes valoraciones positivas durante su gestión en la España del euro, que supo trazar sus mejores tiempos económicos y opositó a la presidencia del Gobierno de España hasta que la mano de Aznar señaló hacia el lado de Rajoy para marcar la ruta de su sustitución. Un ídolo caído que salía de su casa entre flashes, pero no de admiración. Flashes inculpatorios, flashes acusatorios; loa flashes que ejercían como el mazo que señala un visto para sentencia, porque Rato ha sido sentenciado públicamente.

Como un delincuente cualquiera

Pero cuando todo parecía quedarse en esa imagen del ex político camino del coche, aparece la mano del agente enchalecado que, seguramente, preso de rutina, desciende a Rodrigo Rato al paraíso de los normales cuando le toma su cabeza y la introduce en el interior del vehículo como un delincuente cualquiera. La interpretación del gesto tiene muchas lecturas, pero no podemos criminalizarlo. Habitualmente, los agentes sujetan la cabeza del detenido porque, esposados, pierden capacidad de movimientos y no tienen plena libertad de acción para meterse en el coche policial con normalidad. ¿Era necesario? Aquí se admiten todo tipo de planteamientos, porque la cuestión empieza en cuestionarse el procedimiento que se ha seguido con una detención express que apenas duró tres horas y que algunos han encuadrado en el oportunismo de hacerlo justo cuando mayor impacto televisivo podrían tener las imágenes de un Rodrigo Rato detenido.

¿Puro teatro electoral? ¿La justicia es igual para todos? ¿En qué quedará todo? Cuestiones de análisis postreros que muchos han empezado a desmenuzar desde diferentes prismas e intereses. Pero esa foto de la mano sobre la cabeza de Rato refleja que la codicia se instaló en España traspasando todas las líneas posibles, afectando a todas las clases posibles. Por supuesto, a la clase política.

Félix Ángel Carreras
Director de Tribuna Valladolid