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¡Qué fuerte!

La Manada de los violadores

Octubre 7, 2016
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La primera noche de fiestas de San Fermín, un grupo de cinco hombres violaron, presuntamente, a una mujer. Alrededor de las tres de la madrugada, la cogieron, la metieron en un portal y la violaron, los cinco, presuntamente. Alegaron que lo hicieron con su consentimiento, para quitarse el “marrón” de encima. ¡Qué valientes! Tan valientes son que unos meses antes, cuatro de los cinco de Pamplona también abusaron sexualmente, presuntamente, de otra mujer en las fiestas de Pozoblanco. Se ofrecieron a llevar a la chica a su casa en coche, pero ella no recuerda nada de ese viaje a ninguna parte en la que se aprovecharon de su inconsciencia provocada para manosearla y besarla. Cuando se despertó, estaba completamente desnuda en el asiento de atrás con su ropa rota. Se vistió, pasó al asiento delantero y el conductor le pidió que le hiciera una felación. Ella se negó y entonces la echaron del coche, no sin antes darle varios golpes e insultarla. No contentos con el brutal acto, también lo grabaron, para luego fardar de la hombría y hecho heroico ante el resto de amigotes de la cuadrilla a través de un grupo de WhatsApp llamado “Manada”, lo que demuestra la poca inteligencia de los imputados y la catadura moral de todos los componentes del grupo.

Mientras escribo los hechos se me revuelve el estómago. Lo pienso y me dan arcadas, arcadas que no me importaría verter sobre estos cinco individuos presuntos violadores que no encuentran mejor forma de divertirse que ir por ahí abusando sexualmente de mujeres.

Despojos humanos

Muy hombres se creen éstos despojos humanos que no son capaces ni si quiera de ligar para llevarse a una mujer a la cama de manera elegante. ¿Qué pensarán sus madres, sus abuelas, sus tías, sus primas, sus hermanas? ¡Qué asco de tíos! No hay defensa alguna para esta gentuza que se excusa en el alcohol y, seguramente también en las drogas, para violar lo más íntimo de otra persona. Son repugnantes, ellos, sus actuaciones, su manera de divertirse y su amistad. Una amistad que une a cinco personajes bajo ese despreciable gusto por abusar de lo ajeno y atentar así contra la vida de una mujer no es amistad sino enfermedad.

A la víctima de Pamplona la violaron. A la víctima cordobesa la grabaron, se reían de ella mientras le tocaban los pechos y la besaban, completamente desnuda, en estado inconsciente, y después compartieron ese video con el resto de amigotes. Detrás de todas esas iniciales que se publican de sus nombres hay cinco desgraciados malnacidos a los que deseo que la justicia sea implacable con ellos. Pero también deseo con todas mis fuerzas que en su entorno sepan quienes son y que la sociedad los llene de desprecios, asco, pena y desgracias todos los días de sus vidas, lo mismo que ellos han sembrado en sus víctimas.

Rosana Güiza

rosana@rosanaguiza.com