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¡Qué fuerte!

La maldad virtual

Octubre 14, 2016
adrian

Una vez más, -y como siempre-, las redes sociales. Me pregunto a menudo sobre la bondad o maldad de estas y he llegado a una conclusión: el problema no está en las redes en sí, sino en el mal uso que se hace de ellas, por regla general de personas malvadas y sin escrúpulos que las utilizan para hacer daño, normalmente, bajo perfiles falsos. Eso sí, como todos los malos, también cobardes que, lanzada la piedra, cuando ven la repercusión y huelen el posible peligro, huyen como ratas y desaparecen de un plumazo eliminando sus perfiles como si jamás hubieran existido. ¡Menos mal que la tecnología nos supera y queda todo registrado!

Los últimos necios malvados en hacer el ridículo y demostrar al mundo que se puede ser, además de malo, idiota, son esos que han deseado la muerte a Adrián, un niño con cáncer que quiere ser torero. Menos mal que no todos los antitaurinos son iguales, porque no es justo meter en el mismo saco y comparar a esta gentuza inhumana con personas que, de manera respetuosa, luchan contra el maltrato animal. Cada uno tiene sus opiniones y todas son respetables, todas, menos las de estos energúmenos que desean la muerte a un crío porque quiere ser torero. Han deseado que muera, que no se cure de ese cáncer contra el que está luchando como un valiente, como un torero se enfrenta a un toro y como un antitaurino se enfrenta a un torero. Valentía de la que ellos no pueden presumir ya que, en cuanto se han divulgado sus mensajes, han eliminado rápidamente sus cuentas en las redes sociales. Menos mal que, como siempre, y una vez más, la Policía Nacional actuará de oficio contra estos personajes y ya ha abierto una investigación.

No entiendo tanta mala idea

Hace un par de días vi un maravilloso vídeo, también en las redes, de Campofrío. Un anuncio en el que graban a unas niñas hablando de sí mismas, de lo maravillosas que son, para que vean esos mensajes dentro de 20 años, cuando posiblemente no sean tan felices porque estén acomplejadas por culpa de la sociedad en la que vivimos. Seguro que esos vídeos les servirán y ayudarán en un futuro. Pensé en mí misma y hubiera estado enormemente agradecida si lo hubieran hecho conmigo y, al llegar a los 25, alguien me hubiera puesto ese vídeo con 5 años describiéndome como la mejor niña del mundo. Me emocioné, se me saltaron las lágrimas, -como con todos los anuncios que de este tipo hace Campofrío últimamente-, y me horroricé al ver las reacciones desmedidas y brutales de algunas personas, otra vez en las redes sociales. Que si las niñas están manipuladas y todo es un guion, que si lo que hacen con los animales para fabricar sus productos es deleznable, que si venden emociones baratas, bla, bla, bla. ¡Increíble! Seguramente sea una nostálgica y una ignorante, pero, de verdad que no entiendo tanta mala idea y maldad en la gente. Cada día me asombra y me supera más. Hasta el punto de llegar a plantearme abandonar esta realidad virtual. Pero tranquilos, no abandonaré esta suerte y particular lucha de criticar lo que no me parece bien.

Rosana Güiza

rosana@rosanaguiza.com