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Otras opiniones

La loca del cuchillo

Enero 13, 2011

Tengo que reconocer que sigo alucinado con las imágenes que han emitido, una y otra vez, todos los informativos de nuestra santa televisión. Una señora, de unos treinta y cinco años, vestida de negro, emulando a un caco, con su gorro y sus guantes, empuñaba una hacha de cocina y la emprendía a golpes contra el calentador de un vecino. Presa del histerismo, la joven es una vieja conocida para los residentes del edificio. Les tiene atemorizados. Tanto, que incluso para protegerse de sus innumerables episodios violentos, han tenido que rodear sus casas con alambrada. Lo más fuerte no es que la persona en cuestión sufra una esquizofrenia galopante, sino que los convecinos denunciaron sus actos ante los Mossos d’Esquadra, hartos y asustados porque, entre otras cosas, intentó quemar el edificio con todos dentro.
Increíble pero cierto. La actuación de la policía brilló por su ausencia. Dicen que aducían a la falta de sangre para poder intervenir. Claro está que, de momento, ninguno de los que allí viven sufrió herida alguna, pero no es necesario tener una cabeza en la mano para oler el peligro. Resulta descabellado e increíble que haya sido después de que las imágenes hayan rodado por las redacciones de las televisiones cuando se haya actuado con eficacia. No sólo por su parte, sino también por la de aquellos que tienen un vínculo afectivo con la susodicha. Al parecer, un ex novio suyo, acudió a la casa y se la llevó directamente a un hospital psiquiátrico para ser tratada. Menos mal. Tirón de orejas para quienes, supuestamente, velan por nuestra seguridad. ¡Ay!    

Saúl Ortiz es periodista y novelista