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Mi Tribuna

La lectura del CIS y la decepción de Ciudadanos

Mayo 9, 2016
CIS

Tenía curiosidad por los resultados de la última encuesta del CIS correspondiente al mes de abril. Entre tanto sainete político en España, el barómetro podría expresar ciertas tendencias sobre todo lo que ha venido ocurriendo en estos meses en nuestro país. En cierto modo, aunque sus conclusiones no difieren demasiado de lo normalmente esperado, sí traducen ciertas sensaciones que deben tenerse muy en cuenta ahora que estamos abocados a votar de nuevo.

Muchas lecturas

Independientemente de la victoria del PP, hay otras lecturas interesantes que traducen los movimientos de estos (no) pactos intentados durante los meses que han conjugado la legislatura más corta de nuestra democracia. Parece que olvidamos siempre lo del triunfo popular. Se da por hecho cuando es un partido que gana en un escenario complicadísimo a caballo entre los casos de corrupción que le saltan de flor en flor y su posición de gobierno en funciones. Está claro que goza de un respaldo indudable basado en la valoración conceptual de que ha gobernado en unas circunstancias complicadas, con la crisis en plena efervescencia y ha sabido aplicar políticas concretas que, al margen de los consabidos recortes, sí han calado en su nicho de votantes que se mantiene fiel a sus siglas.

La tímida recuperación del PSOE, a costa de un partido veleta como Podemos, también tiene un significado a la hora de calibrar la fidelidad de sus seguidores capaces de migrar su apoyo a una fuerza de izquierdas y regresar de nuevo a la vista de los movimientos de Pablo Iglesias, a punto de encamarse políticamente con Izquierda Unida para, es mi opinión, acabar de enterrar unas siglas y valerse de una simple operación de suma para intentar superar al PSOE. Lo de Alberto Garzón es de análisis, de verdad, pero lo será históricamente cuando repase con la vista atrás el daño que le puede hacer a su partido una alianza tan peligrosa con el grupo de Iglesias.

El imposible crecimiento de Ciudadanos

Y llegamos a Ciudadanos, que experimenta apenas un 1,7% de aumento en su momento de máximo protagonismo cuando avanzó con Pedro Sánchez en una intención baldía de formar gobierno. El desarrollo de este partido como fuerza nacional ha sido, para mí, una auténtica decepción. Y no por sus alianzas a la carta con el pretexto de apoyar a la fuerza más votada en determinados ayuntamientos y comunidades, sino por cómo se viene desenvolviendo en un escenario de decisiones en los diferentes ámbitos en los que tiene presencia. Es evidente que Albert Rivera asume un rol diferencial y que su liderazgo es difícil de equiparar con el personal humano que tiene por detrás, pero Ciudadanos ya no puede abanderar la nueva política porque se ha contagiado enseguida de los vicios de la vieja política. Es más, Ciudadanos en España es la suma de una serie de personas con diferentes procedencias que han descubierto en la política una estupenda forma de ganarse la vida. Se palpa especialmente en las comunidades autónomas donde se mezclan especies de todas las tendencias; regionalistas, independentistas, asesores que denuncian el papel de las diputaciones pero se aseguran un salario de la institución, políticos asentados en una población pero que cambian a otra para aferrarse a un determinado puesto de salida que le asegure su pecunio, empresarios frustrados o amigos comunes que se hacen de la causa a la vera de una posibilidad laboral más reconfortante económicamente que su actividad anterior. Esto podría asumirse dentro de la normalidad que ofrece la vida en esa segunda oportunidad a la que todo el mundo tiene derecho, por supuesto. Pero es justamente lo contrario de aquellos predicamentos que enarbolaba Ciudadanos en su papel de regenerador político.

La consecuencia es que ese 1,7% es totalmente insuficiente para catapultar un proyecto a la medida de lo que pretende su líder. Pero los correligionarios que le siguen no están a la altura ética de unos principios que chocan, por ejemplo, con los enchufes laborales que se han descubierto en determinadas administraciones. Eso es una etiqueta de la vieja política, pero en Ciudadanos han viajado demasiado rápido hacia ese espacio costumbrista que, está claro, confirma la decepción de sus maneras. Si en este momento tan indeterminado, con el bipartidismo más tocado que nunca, Ciudadanos no es capaz de crecer exponencialmente, todos estos que han evolucionado hacia la comodidad del despacho y el sueldo político tendrán que pensar en recuperar su actividad anterior. Y algunos no la tenían. Ese es el problema.

Félix-Ángel Carreras Álvarez

@fcarreras68