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A renglón seguido

La lanza “estelada”

Mayo 24, 2016
A bull is surrounded by men with spears during the 'Toro de la Vega' bull spearing fiesta in Tordesillas, Tuesday, Sept. 13, 2011.

A las autoridades, que siempre que pueden tratan de imponernos su santa voluntad, aunque aquéllas dispongan sólo de rango civil, les ha tocado lidiar esta semana con dos espinosos asuntos servidos en la rosaleda del día a día: el pucelano Toro de la Vega y la estelada catalana. Nunca gozó de tanta popularidad el astado tordesillano como desde hace unos pocos años gracias a la labor de acoso y derribo por parte de los antitaurinos y defensores del buen trato animal.

A raíz del ruido generado en los últimos años procedente de las protestas de ciertos colectivos de ciudadanos y reivindicaciones vertidas por los grupos pro-vida animal, la Junta de Castilla y León ha tenido que sentarse a la mesa de trabajo y tomar cartas en una materia que, se mire como se mire, ¡Hay que ver –salvo los invidentes- qué pringosa resulta!: decantarse a favor o en contra de una solicitud popular cada día más creciente.

A través de un incontestable, pero recurrible, decreto-ley el Gobierno castellano-leonés ha decidido prohibir que un no profesional dé muerte a reses de lidia en presencia de público en los espectáculos taurinos populares. Para tomar esta medida han usado el metro de la mesura contrastando la opinión de determinados representantes del mundo universitario, toreadores, asociaciones de festejos…

El alcalde socialista de Tordesillas y la “popular” oposición coincidente

La respuesta de los defensores de esta sangrienta manifestación lúdica no se ha hecho esperar, y apelan al mantenimiento de su atávica tradición, exigiendo que se mantenga íntegramente en estado puro; por supuesto sin modificar el “modus lanceandi” que procura la lenta y cruenta muerte del  bicho. La  “popular” oposición coincide  con  la posición del  alcalde de Tordesillas –le corre sangre socialista por las venas-, y amenaza con amenizar el statu quo acudiendo a los Tribunales para derogar la norma.

También un tribunal (contencioso-administrativo) ha tenido que decantarse a favor de la legal presencia de la estelada como elemento no violento, no racista, y no xenófobo en el estadio de la final de la Copa del Rey de fútbol, desaprobando el “bando” de la Delegada del Gobierno de la capital del reino. La Vicepresidenta del señor de “la baja estopa” –Rajoy [sic] en una reciente comparecencia- apoyaba la causa de Dancausa basándola en criterios “técnicos” y no “políticos” ¿?

¿Cómo se puede desgajar del hesperidio de las decisiones unos de los otros, dado el grado de condicionamiento insalvable que conlleva: en especial si el tema catalanista entra en juego? El componente de sindéresis –patrimonio de muy pocos afortunados- no es el fuerte de nuestra debilitada clase política. Casi siempre es materia de cierta controversia: incluso para los ecuánimes de obra y espíritu, quienes, aparcando el erre que erre, yerran también como buenos humanos sometidos a la imperfección.

Sólo me falta recordar a los fundamentalistas caballeros pro-lanza vallisoletanos si valdría la pena mantener la pena de muerte en EE.UU. por formar parte del decorado costumbrista y el factor de arraigo entre los lugareños de los estados que la mantienen en vigor.

Paco de Domingo