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Los puntos cardinales

La justicia republicana abre sus puertas al ciudadano Sarkozy

Mayo 15, 2012

Con el calor que estamos padeciendo en la Península nos llega un fresco y saludable viento republicano procedente de Francia. Ayer vivíamos el relevo y todas las televisiones daban fe de la entrada de François Hollande en el Elíseo. La mudanza ya está hecha y la Constitución francesa tipifica que, transcurrido un mes desde que abandona el cargo, el presidente deja de disfrutar de su inmunidad para convertirse en un ciudadano como otro cualquiera sobre cuyos hombros puede recaer todo el peso de la Ley, en el caso de que quien hasta ese momento ha sido jefe del Estado guarde alguna cuenta pendiente con la justicia.

El antecesor de Sarkozy, Jacques Chirac, por ejemplo, tiene sobrada experiencia en ello. No habían pasado dos meses desde que saliese del coqueto palacio de la Rue Faubourg Saint-Honoré cuando fue procesado y posteriormente condenado a dos años de prisión por malversación de caudales públicos durante su etapa al frente del Ayuntamiento de París, condena que finalmente fue suspendida al ser la primera en su contra.

Lo que estaba arriba, ahora está abajo

Atentos, pues, a la celeridad de los tribunales galos, que parecen regocijarse en el retorno a la cruda realidad de la calle de quienes en su momento disfrutaron del inmenso poder que otorga a quien lo ostenta el sistema presidencialista francés. La República, pues, simboliza y cumple con uno de los principios herméticos, de suerte que lo que en su día estuvo arriba, ahora está abajo, en el mundo de la gente corriente.

Uno de los expedientes que pueden ser desempolvados es el denominado “Caso Karachi”, en el que se mezclan la venta de submarinos de la clase Agosta al Gobierno de Pakistán y una serie de pagos misteriosos. El asunto se remonta a la época en la que Nicolás Sarkozy era ministro de Presupuesto y portavoz de Edouard Balladur.

¿Una presidencia maquillada por L´Oreal?

Más conocida es la turbia trama que relaciona al ya ex presidente con la propietaria del emporio L´Oreal, Lilian Bettencourt. Los jueces quieren esclarecer si la anciana multimillonaria fue generosa con Sarko y sacó sustanciosas cantidades de sus cuentas en Suiza para financiar la campaña de nuestro hombre en 2007.

Hay otro episodio vidrioso que los magistrados pueden sacar a la luz. Se trata del detallado en varias informaciones que denunciaban que Muammar El Gadafi también habría pasado por caja en esas presidenciales. Quién le iba a decir al beduino que cuatro años más tarde el presunto receptor de sus contribuciones daría una memorable lección de ingratitud al liderar la operación militar que acabaría con el régimen libio.

Hollande ya es, por tanto, el presidente y seguro que todavía no ha asimilado la infinidad de prerrogativas que conlleva el puesto. Durante la campaña propuso que quien ocupe El Elíseo pueda ser juzgado por hechos anteriores a su toma de posesión, perdiendo así la inmunidad que ofrece la Carta Magna del país a los jefes del Estado en ejercicio. Suponemos que tiene la conciencia bien tranquila y que no lo dijo con la boca pequeña en uno de esos clásico arrebatos de honradez tan frecuentes en las jornadas preelectorales. Porque François Hollande sí sabe muy bien que la República goza de una excelente y envidiable memoria judicial.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.