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¡Qué fuerte!

La inhumanidad ante la catástrofe del Airbus

Marzo 26, 2015

Hay un programa en la tele que, durante un tiempo, intentaba no perderme porque nunca decepciona. Me parto de risa con el, perdón, más bien de el. Es un programa digno de estudio sociológico y psicológico. Es verdad que al principio me llamaba más la atención y que, una vez visto unos cuantos, vistos todos, porque son todos del mismo perfil. Tías y tíos buenos que sólo se preocupan de su físico y cuya intención es ser famosos. Hombres y mujeres y viceversa,-hasta el titulo es absurdo-, que van a ser conquistados por otros y que, durante ese proceso, todos se lían con todos, todos se ponen los cuernos con todos y la dignidad queda por los suelos dando una imagen frívola y sin valores a los espectadores de lo que son las relaciones, imagen que deja mucho que desear.

Tuve que dejar de verlo porque el nivel cultural es patético pero aún peor es la poca dignidad de esas mujeres que se pelean por un hombre que les ha comido la boca a todas y al final, o se va con una con la que dura dos telediarios, o se va solo para usar ese trampolín hacia la fama cutre y el ligoteo fácil.

Gente sin compasión y sin sentimientos

Dicho esto, que por otra parte no es nada nuevo, los fieles espectadores que lo siguen, como el peregrino a la Virgen de Fátima, también suelen ser, algunos, del mismo nivel y así lo han demostrado cuando, después del accidente aéreo en el que han fallecido 150 personas, mostraron su molestar a través de las redes sociales por el retraso del inicio del programa para dar información sobre la tragedia ocurrida. Son tan bestiales los tuits de algunos seguidores que da vergüenza ajena reproducirlos. Gente sin compasión y sin sentimientos a los que les importa una mierda que un avión se haya estrellado y que casi la mitad de los muertos sean españoles. Gente que se indigna porque se retrasa el programa para dar la última hora de un accidente tan grave y prefieren ver a cuatro insurrectos enseñando cachas y escotes poniéndose los cuernos entre ellos.

Y el colmo es cuando a éstos se unen los malnacidos que no quieren saber nada de lo ocurrido porque los muertos eran catalanes y no españoles, alegrándose incluso por el hecho y por bien merecido. La maldad humana no tiene limites. La vergüenza que siento por esta gente inhumana tampoco. Si la opinión de estos cuatro desalmados trasciende al mundo, nos merecemos que, si se pudiera, nos echaran del planeta. Defenestrados los españoles por malvados, por imbéciles, por inhumanos… Vergüenza me da de los de mi propia condición humana que opinan así. Pena de esos que no tienen ni dos dedos de frente y que no son capaces de disimularlo ya que lo demuestran abiertamente y sin tapujos con sus comentarios despiadados. Asco de gentuza.   

Rosana Güiza