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¡Qué fuerte!

La infancia corre peligro

Febrero 7, 2014

¿Recuerda su infancia? Ir al colegio era maravilloso. Jugar y aprender era nuestra única preocupación. En eso consistía y consiste la felicidad de los niños. Pensar en la escuela hoy me transporta al ayer, a aquellos nervios inevitables de un domingo por la tarde con los deberes sin hacer, al olor a lápiz al abrir mi mochila, las virutas de goma que se agarraban a las hojas de las libretas… ¡ummmm las libretas!, me encantaba estrenar libretas. Esa sensación de la primera página a cuadros, limpia, intacta, esperando ser rellenada con una letra que al principio era perfecta y luego se convertía en renglones torcidos y emborronados. Lo mejor que tenía la escuela, como toda disciplina en la vida, era el momento del timbre para salir a casa y para el recreo. Ese era un gran momento, en el que todos corríamos como locos desesperados al patio a jugar. Cada uno a lo suyo, cada uno con su grupo de amigos. Niñas a la goma, a la comba, al escondite, etc. Niños al fútbol, al baloncesto, a las chapas, etc. Jamás jugué al futbol. Casi nunca nos mezclábamos los chicos con las chicas para jugar y, señores del Gobierno Vasco, no tengo ningún trauma, ni estoy apartada de la sociedad, ni me siento ni me sentí discriminada y mi crecimiento personal ha sido pleno. Ni yo ni aquellos niños con los que compartí aula y patio estamos traumatizados por haber jugado a lo que a cada uno le dio la gana y con quien quiso.

Según ustedes, los del Gobierno Vasco, quieren prohibir jugar al fútbol en los patios de los colegios porque arrincona a otros alumnos que no juegan, sobre todo a las niñas. Por favor, déjense de pamplinas y dedíquense a otra cosa porque ahora mismo son ustedes el hazmerreír de la sociedad. ¿De verdad que no tienen otra cosa mejor que hacer?, ¿no tienen otros asuntos de mayor envergadura política y social que tratar y solucionar?, ¿para esto se dedican a la política?, ¿de verdad se les paga por hacer estas reflexiones absurdas y tomar estas decisiones?.

Pobres niños

Definitivamente la infancia corre un peligro insospechado ya que, además de esto, en Cataluña se ha hecho una proposición de ley para prohibir los espectáculos de circos con animales en todo el territorio catalán. No doy crédito, como los Bancos. Un circo sin animales no es circo. Jamás he visto que se maltraten a los animales de un espectáculo circense, al contrario, son cuidados con esmero y sumo cariño ya que forman parte del espectáculo y de la fuente de ingresos. Que se haya dado algún caso de maltrato no significa que todos lo hagan. Como todo en la vida, es puntual, revisable y no generalizado. Un circo sin animales es como una carrera de caballos sin caballos o como un zoológico sin animales. Pobres niños vascos y catalanes del futuro, aborregados si esto se llegara a cumplir. Habrán sido niños sin libertad para lo único que tiene que tener libertad un niño, para jugar. Todo esto es el resultado más palpable de que, cuando un tonto se aburre, tiene que demostrarle al mundo entero con sus tonterías que es tonto porque no tiene otra cosa mejor que hacer.

Rosana Güiza Alcaide