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Los puntos cardinales

La India del futuro esconde el infierno sexual de sus mujeres

Enero 22, 2013

La salvaje violación de una mujer de veintitrés años en la India el pasado 16 de Diciembre y su posterior muerte dos semanas más tarde en un Hospital de Singapur han enseñado al resto del planeta una realidad escondida hasta ahora. De siempre hemos escuchado que la India es la mayor democracia del mundo, aunque el único parámetro para asegurarlo sea el dato de que en un país de más de mil trescientos millones de personas exista el derecho al sufragio universal, a diferencia de su vecina China, con similares cifras demográficas pero sometida a un régimen atroz enemigo de cualquier asomo de libertad.

Conocida, pues, la tragedia de esa chica brutalmente atacada por un grupo de hombres en un autobús de línea, en Occidente comienza a extenderse una sensación generalizada de estupor. Casi todos los países acaban siendo etiquetados, de modo que para la mayor parte de los extranjeros, el nuestro, por ejemplo, es un paraíso de sol, toros y paella. Según ese mismo cliché, la India es sinónimo de yoga, hippies y grandes técnicos informáticos.

Delhi, “capital de la violación”

Pero hay otra India muy distinta, un infierno que nada tiene que ver con ese cartel de reclamo de bueno rollo y sexo tántrico. En un país en el que las castas siguen manteniendo sus estructuras tradicionales, las mujeres son ciudadanas de segunda. De hecho, Delhi es conocida como “la capital de la violación”. Así, frente a los indicadores macroeconómicos de los que presumen las autoridades ante las otras naciones del G-20, las cifras demuestran claramente que la India es el peor de todos para la vida cotidiana de una mujer, a pesar de la paradoja que supone que muchas féminas ocupen puestos de gran responsabilidad no sólo en las estructuras del Estado sino en las finanzas o en las pujantes empresas.

Para entender ese comportamiento casi medieval en algunas zonas del país, basta fijarse en los casi veinticinco mil casos de ataques sexuales de los que se tuvo constancia sólo en 2011. Más de la mitad de las víctimas se sitúan en la franja de los dieciocho y los treinta años. En el caso que ha conmocionado al mundo por su enorme salvajismo y que sirve para ilustrar este artículo se acumulan todos los ingredientes de una horrible pesadilla.

Un simple trozo de carne

Por ejemplo, las gravísimas lesiones infligidas a la joven que acabaron costándole la vida o las triquiñuelas de los abogados para evitar por todos los medios que el juicio, que se ha reanudado el lunes, se celebrase en un tribunal de Delhi, intentando así impedir toda la repercusión mediática que se ha originado y que, a la postre, ha sacado a relucir una faceta del país desconocida hasta entonces. Tal ha sido el impacto que ha provocado que los autores corran el riesgo de acabar condenados a muerte. Pero hasta el momento, en esa enorme democracia de color azafrán y plenitud espiritual se han sucedido sin descanso los casos de policías sospechosamente poco eficaces en la lucha contra las agresiones sexuales o el de jueces demasiado tolerantes con los violadores.

Por ello, resulta de todo punto incomprensible que en esta potencia informática, en este país que junto a Brasil, Rusia, China y Suráfrica conforma el grupo de los BRICS, -las nuevas economías-, la ropa y las costumbres occidentales, la pornografía clandestina o el simple paseo de un mujer junto a sus amigos varones puedan ser la excusa para que se la considere un simple trozo de carne, un mero objeto de placer de usar y tirar.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.