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Mensaje en una botella

La hoguera de las vanidades

Enero 27, 2016
iglesias sanchez

La formación de Gobierno parece un culebrón. Como en una de las telenovelas de Nova, el canal de Atresmedia que cumple 10 años, asistimos a tejemanejes sentimentales y a vaivenes del corazón. Los protagonistas de las negociaciones para formar Gobierno son personajes enamorados, engañados, traicionados, odiados, queridos, desengañados, olvidados , utilizados o despechados que combaten por amor.

Los que quieren gobernar saben que todo va a depender de la verdad del corazón. Si la relación entre quienes lleguen a un acuerdo es un amor para toda la vida, está garantizado un matrimonio duradero. Si la relación entre quienes lleguen a un acuerdo es un devaneo, el acuerdo durará lo que dure; y lo que dure, dura.

Mariano Rajoy tarda en decidirse, Pedro Sánchez tiene la mosca detrás de la oreja, Pablo Iglesias sufre un ataque de cuernos y Albert Rivera se siente como el del anuncio del aire acondicionado.

Para pedirle salir

Mariano Rajoy es como ese rapaziño al que le cuesta mucho declararse. No le va mucho lo de recitar versos entre sombras al estilo de Cyrano de Bergerac, que ha dado vida a uno de los enamorados más majestuosos de la literatura en la inmortal obra de Edmond Rostand. El viernes pasado dio un paso atrás y el lunes dio el paso de llamar a Albert Rivera para pedirle salir. Pero el funesto Destino ha querido que su partido haya vuelto a mancharse de corrupción esta semana. Y sigue tan acostumbrado a recibir las andanadas de los demás partidos como desacostumbrado a la defensa o al contraataque, algo que hacen con habilidad sus adversarios cuando les toca a ellos.

Pedro Sánchez es como Narciso mirándose en las aguas del riachuelo que conduce a la Moncloa. Pero, al mirarse, descubre un moscardón revoloteando a su espalda. Cuando se da la vuelta, el moscardón ya no está ahí. Está en Ferraz, donde le espera este sábado el Comité Federal. El moscardón, andaluz de nacimiento y de sexo femenino, encabeza una pléyade de opositores que no quieren que se entienda con Pablo Iglesias porque el líder de Podemos les suena a chino, a iraní y a venezolano.

Vamos hablando

Pablo Iglesias sufre un ataque de cuernos desde el sábado, cuando Sánchez decidió llamar a Rivera antes que a él. Un autoproclamado vicepresidente del Gobierno del futuro sólo puede aspirar a ser el primero en la lista de Pedro Sánchez. Que Sánchez llamara a otro en primer lugar le sentó a cuerno quemado. Igual que le ha sentado la decisión sobre los asientos del Congreso, donde pretenden sentarle en el gallinero aunque él no quiera darlo por sentado. Iglesias ha dado el paso de entregar su corazón a Sánchez, a quien reconoce como futuro presidente del Gobierno, y su pretendiente le ha respondido con un desaire. “Vamos hablando”, ha venido a responder Pedro. “Me has hecho daño”, ha venido a replicar Pablo.

Albert Rivera padece el síndrome de Daikin. Se siente como el del anuncio de aire acondicionado. “No soy nadie, doctor, no soy nadie”, dice el clon de Woody Allen que protagoniza el spot antes de que el psiquiatra se marche y el climatizador reduzca el consumo de energía porque así es como actúa cuando no hay nadie. Rivera se sentía así hasta que el sábado le llamó Sánchez. Ser Nadie le había resultado tan útil como le resultó a Ulises para escapar de Polifemo. Estaba crecido cuando el lunes le llamó Rajoy. Ahora mismo es otro. No sabe muy bien adónde le llevará todo esto, pero ahora mismo es otro.

La vanidad, que la Real Academia Española (RAE) define como “arrogancia, presunción y envanecimiento”, asoma la cabeza y pugna por abrirse paso en este país de Gobierno en funciones. Sería bueno que el desinterés, definido por la RAE como “desprendimiento de todo provecho personal, próximo o remoto”, lograra imponerse a la vanidad. Faltan doce días para el Martes de Carnaval. Aún hay tiempo para que, como si de la Florencia del siglo XV se tratara, el afán de poder sea arrojado a la hoguera de las vanidades.

Juan Diego Guerrero dirige Noticias Fin De Semana en Onda Cero

@juandiguerrero