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Los puntos cardinales

La hija y el ex pretenden seducir a Arnaud, “el antiglobalizador”

Octubre 10, 2011

Francia es un paraíso para la pasión y los sentidos. Da igual que se trate de saborear unas exquisitas ostras de la Bretaña que viajar mentalmente al siglo XIII mientras se disfruta del silencio de la catedral de Reims. Todo, como decimos, se hace apasionadamente, como los candidatos de los partidos políticos, que actúan así en cualquier momento clave para el futuro del país. Pasión es Nicolás Sarkozy, como también lo es su gran enemigo en el centro derecha, Dominique de Villepin. Pero ahora, quienes con más fervor alimentan los titulares y el debate están en la cúpula del Partido Socialista, que ha sometido el nombre de quien competirá el año próximo al Elíseo a la consideración de militantes y simpatizantes.

Con el que todos quieren flirtear

Ese proceso de primarias ha recuperado a veteranos del PSF y, sobre todo, ha sacado a las bambalinas a un desconocido hasta la fecha al sur de los Pirineos y con el que todos quieren flirtear, sabedores de su tirón, que ha tenido reflejo en las cifras de apoyo. Arnaud Montebourg se llama el atractivo consejero general de Saône-et-Loire y su discurso, como la moda parisina, está de rabiosa actualidad. En tiempos de indignación, con una oleada de protestas que ha traspasado el Atlántico para convertirse en campamento junto a Wall Street, Montebourg apela al concepto del voto útil.

Y lo justifica con una defensa de la regulación financiera y del equilibrio en los mecanismos de cambio como verdaderos valores identitarios de la izquierda en estos momentos, de una corriente ideológica que Arnaud Montebourg define como post-crisis, mientras el mundo contempla estupefacto episodios de privilegio y desigualdad. Por ello, el tercero en discordia propone ese gran cambio de modelo de desarrollo desde la escuela y las instituciones. Dice el candidato deseado que los socialistas de la vecina Francia deben aspirar a alguien que ocupe la Presidencia de la República de un modo irreprochable al frente de un Estado imparcial.

La juventud, eje de la campaña

Los dos grandes rivales centran sus propuestas en la juventud, como si las elecciones del próximo año significasen una especie de muerte del “ancien régime” conservador. De hecho, las reivindicaciones y los disturbios protagonizados por esa juventud francesa de segunda generación de inmigrantes han sido una de las principales pruebas de la era Sarkozy

Martine Aubry, la alcaldesa de Lille, conoce las entrañas del socialismo pata negra galo de la mano de su padre, Jacques Délors, uno de los artífices de la Europa unida, y manifiesta una cierta aversión a la prensa. François Hollande, el alcalde de Tulle, simboliza la vertiente más suave del PSF y, a diferencia de Aubry, es un hombre normal al que no asustan los medios de comunicación, salvo cuando sacan a relucir las miserias de su complicada relación amorosa con Ségolène Royale. Hollande y Aubry disponen ahora de cinco días para convencer a Montebourg para que apoye a uno o a otro. Para ello pondrán en juego toda su pasión, o quizá el modelo frío y calculador de Richelieu para encaminar sus vidas hacia el Palacio del Elíseo, porque cualquiera de las dos estrategias es buena para intentar hacerse con el control de la segunda potencia de Europa.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.