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El mayordomo

La esperpéntica, hortera y chabacana gala de los Goya

Febrero 21, 2010

Si algo nos ha quedado claro después de la gala de los Goya es que la mayoría de los caballeros que asistieron a ella debieron echar un rápido vistazo a la definición que la Real Academia de la Lengua Española hace de la palabra “gala” para decidir cómo vestir en tan importante evento.

No me cabe duda alguna de que los actores presentes tomaron buena nota y reflejaron en su atuendo, y hasta límites insospechados, el significado de “fiesta en la que se exige vestido especial de esta clase” o “vestido sobresaliente y lucido” que el diccionario de la lengua española ofrece de la palabra gala.

Antes de entrar a analizar el esperpéntico espectáculo que nuestros actores nos brindaron con sus disfraces no podemos dejar de hacer una rápida mención a la indumentaria con la que nuestras actrices nos sorprendieron.

Si bien ellas fueron en proporción más discretas que sus colegas masculinos tampoco creo que se conviertan en fuente de inspiración de los grandes diseñadores franceses e italianos. Que nuestra moda femenina es una gran desconocida fuera de nuestras fronteras es un hecho que no se puede negar. Solo hay que viajar a ciudades como Milán o París para darse uno rápida cuenta de que nuestros más celebrados diseñadores que esta semana desfilan por la denostada pasarela Cibeles son totalmente ignorados fuera de España.

Viendo los modelos que lucieron Bimba Bosé o la misma Ministra de Cultura, Ángeles González, podremos encontrar rápidamente la respuesta al por qué nuestra moda es la gran ausente en las pasarelas internacionales de prestigio. Nuevamente fue Goya Toledo y en cierta medida también Blanca Romero, quienes demostraron que en España también existe la elegancia y el estilo.

Ya fuera por seguir la mal interpretada definición de la palabra “gala” de la RAE o por la necesidad de amortizar el atavío de la reciente celebración de Halloween, nuestros actores vistieron conjuntos más cercanos a los disfraces que se ven en dicho día que a cualquier atuendo a la altura de un acto que lleve delante la palabra gala.

No crean ustedes que resulta fácil elegir por quien de todos los actores empezar. Conforme repaso las fotos no son pocas las dudas que me asaltan sobre cómo se puede llegar a tal grado de mal gusto.

Tampoco son menos las incógnitas que me hacen preguntarme cómo ciertas revistas de renombre en la descripción que hacen de cada “modelo” acuñan frases del tipo “luce un esmoquin elegantísimo” o “iba con un impecable esmoquin”. Estimados “entendidos”: toda semejanza entre lo que vimos esa noche y un esmoquin es una mera coincidencia.

Empecemos, por ejemplo, por Oscar Jaenada. ¿Alguien me puede explicar que tienen de glamuroso un sombrero Panamá combinado con una seudo-chaqueta rosa con solapas negras, una camiseta, un reloj de bolsillo y un pantalón negro? ¿Es un cowboy, un grunge o el último personaje de Indiana Jones?

A pesar de que la chaqueta de Oscar Jaenada invitaba a que todas las miradas se quedaran fijas en ella, Carlos Lozano fue capaz de desviar gran parte de estas hacia su persona. ¿Cómo se puede ir a una gala de entrega de premios con unos vaqueros, unas botas de moto y con chapas y cadenas?

Hay dos normas básicas que deberíamos seguir cuando vistamos para un acontecimiento importante.

La primera es que debemos vestir acordes al grado de formalidad o informalidad del evento. Tan mal está que acudamos de frac a una competición deportiva como asistir con unos vaqueros a una gala de entrega de premios. La segunda pauta a contemplar es aquella que indica que debemos prestar una especial atención a nuestro atuendo cuando hay personas que se han tomado la molestia de organizar una cuidada fiesta y nos han hecho partícipes de ella.

Santi Millán y Jordi Mollá.

En el primer caso uno no sabe si se trata de un traje corriente o por el contrario nos encontramos con una nueva prenda de la que desconocíamos su existencia hasta el pasado Domingo. En el segundo caso, Jordi Mollá con su chaqueta gris y su corbata minimalista solo consigue aumentar nuestras dudas. ¿Acaso es tan desconocida la máxima del protocolo masculino que establece que solo los colores oscuros son aptos para las ocasiones formales? ¿o aquella que mantiene que deben ser estos los elegidos para los acontecimientos que tengan lugar una vez desaparecida la luz solar?.

No sabemos si fue porque sigue influenciado por su actuación en la película “Tesis” pero Eduardo Noriega nos hizo pasar nuevamente mucho miedo tras ver su tétrica indumentaria. Seguramente esos vaqueros negros, camisa del mismo color y esa espantosa chaqueta se hubieran ganado por méritos propios ser vestidos en aquella película.

A pesar de todo este baile de disfraces hubo algunos actores que sí entendieron el verdadero significado de la palabra “gala” de la Real Academia de la Lengua y vistieron acorde a la importancia del evento. Entre ellos encontramos a Alex de la Iglesia, a José Coronado o a Antonio de la Torre.

La elegancia normalmente suele ser sinónimo de discreción y si nuestro atuendo hace girar las cabezas de una forma tan brusca a como ocurriría de ir desnudos, es sin lugar a dudas porque estamos haciendo el mismo ridículo que si anduviéramos por la calle desprovistos de toda prenda.

En definitiva, debemos vestir acorde al momento y al evento en cuestión y por lo tanto tendríamos que dejar los disfraces para Halloween y el esmoquin (pero el de verdad) para las celebraciones, que como la entrega de los premios Goya, lo requieran.

Jeeves
elmayordomo@extraconfidencial.com