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Otras opiniones

La época del tiempo roto

Junio 2, 2010

Hay fechas que nunca deben borrarse del calendario de la vida. Esta mañana, mientras ojeaba alguno de los periódicos que alguien ha dejado sobre el asiento del metro, he entendido a esa gente que renuncia a lo superficial y que prefiere, acertadamente, saborear la vida con lentitud y sosiego. He puesto especial atención en el caso de una señora de mediana edad a la que le habían diagnosticado una enfermedad degenerativa. Ella, que tenía todas las posibilidades de mantener prácticamente intacta su calidad de vida, solía vivir al máximo durante la noche. Drogas, sexo y mucho estrés. Trabajaba cuando el sol empezaba a ponerse, pero ha decidido cambiar de trabajo. Disfrutar de sí misma. Y de los que la rodean. Volvió a nacer. Su testimonio me ha servido, de alguna manera, para comprender, hasta cierto punto, el valor de la vida. Luchar por los sueños y objetivos marcados con valentía, perseverancia y dignidad. Vivir intensamente, sin miedos ni prejuicios que nos encorseten en una rutina tan dura como despiadada.
 
 A tenor de esta maravillosa filosofía –que no utópica-, el otro día charloteaba con cierta impaciencia con un amigo, muy simpático y con una rebosante cuenta corriente, que prefería dejarse llevar por una vida que no le satisfacía. Me contaba, con cierta reminiscencia, que prefiere destacar en el plano económico y trabajar en algo que detesta, antes que aferrarse a sus sueños. Mientras sus labios me provocaban abiertamente, sus ojos me obligaron a permanecer en silencio. Estaba avergonzado. Excesiva ambición que no puede arrastrar nada nuevo. Es evidente que nuestra sociedad actual no admira a los valientes. Creemos que valentía es sinónimo de inconsciencia o inmadurez, quizás porque nuestros miedos y frustraciones nos obligan a pensarlo, pese a que en nuestro foro interno quisiéramos ser como ellos. Estos son tiempos rotos en los que nos movemos bajo los influjos de la razón… y no del corazón.
 
Saúl Ortiz es periodista y novelista