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Los puntos cardinales

La encrucijada afgana, trece años después

Abril 8, 2014

La celebración de las Elecciones Presidenciales en Afganistán me ha recordado a un parte médico porque se han celebrado bien, dentro de la extrema gravedad. Las semanas previas a la cita con las urnas han sido especialmente sangrientas y han tenido a los representantes de la prensa extranjera como objetivo prioritario para sembrar el pánico por la repercusión global de esas muertes. Sin embargo, la mayoría de los afganos optó por acudir a los colegios electorales en un intento de cerrar estos trece años desde que cayó el régimen talibán, que han obligado al país centroasiático a vivir tutelado por las tropas internacionales de la ISAF.

Alta participación sin demasiados contratiempos, pero casi doscientos milicianos islamistas muertos en diferentes choques armados. Las elecciones tienen un valor simbólico añadido porque suponen pasar la página del mandato de Hamid Karzai, un hombre que en su día fue nombrado para el cargo por sus vínculos con el entramado empresarial del ex vicepresidente republicano, Dick Cheney, y que en los últimos años ha generado una enorme desconfianza en el seno de la Administración Obama. Por otra parte, este es el año en el que quien ocupe la Presidencia del país tendrá que suscribir un acuerdo de seguridad que debería hacer posible la permanencia de un contingente internacional para el asesoramiento, aunque el grueso de las unidades abandonará el territorio afgano a finales de este año. Si finalmente no se alcanza ese acuerdo, que de aprobarse prorrogaría la presencia de instructores cuatro años más, Afganistán demostrará al resto del mundo que la gran cantidad de vidas y de dinero invertidos en el esfuerzo de la reconstrucción no ha merecido la pena.

El peligro de los Haqqani y de los Talibán

Y es muy complicado correr el riesgo de valorar si las fuerzas locales por sí solas serán capaces de garantizar la seguridad en un país tan enorme, anclado en el medievo, con zonas aisladas en las que los grupos talibán o la red Haqqani campan a sus anchas. El caso de los Haqqani es el más parecido al de Osama Bin Laden. Inspirados por la CIA durante la invasión soviética, en los últimos años han mordido la mano que en un primer momento les dio de comer convirtiendo cualquier interés norteamericano en diana potencial de su muy bien organizada estructura.

Otro de los aspectos determinantes para el incierto futuro del país es el papel de los talibán. Como hemos comentado, hay amplias zonas del país bajo el control de grupos radicales islámicos apoyados desde la vecina Pakistán.

Sin embargo, a la vez que hay talibán que se dedican sencillamente al terrorismo, existen otros que ya han mantenido contactos con el Gobierno de Kabul. Ya contamos en esta misma sección que incluso disponen de una oficina de intereses en Doha para sus diálogos a varias bandas. Así que la integración o la reinserción del sector más moderado de estos estudiantes y clérigos afganos en la futura sociedad del país supondrá también una prueba de las posibilidades y la capacidad de esta nación sin estructuras de poder que ninguna potencia extranjera fue capaz de dominar.

Sólo Alejandro Magno tuvo el valor y el talento estratégico del que a lo largo de la historia han carecido los ingleses, el ejército rojo y los norteamericanos. El candidato que resulte vencedor de entre los tres principales contendientes, -los ex ministros de Exteriores Abdulah Abdulah y Zalmai Rassoul, y el de Finanzas, Ashraf Ahmadzai – , tendrá ante sí el reto de lograr cierta prosperidad, de integrar a las mujeres, garantizar la seguridad en las calles y echar el cierre al mayor productor de opio del planeta, hasta la fecha la principal fuente de entrada de dinero, por cierto.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.