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El mayordomo

La elección del pantalón

Enero 24, 2010

Los pantalones son la prenda a la que menos prestamos atención y son, junto la corbata, la parte de nuestro atuendo que más queda expuesta.


La gran mayoría de los caballeros cuando acuden a comprarse un traje apenas prestan atención al pantalón por considerar que su interés debe dirigirse casi en exclusiva a la chaqueta.

Cuando paseamos por las plantas de caballeros de los grandes almacenes es frecuente observar como el cliente se limita a asegurarse de que no le aprieta en la cintura y que le cojan el bajo según el gusto del dependiente que le está atendiendo.

Si bien es cierto que es más complicado que una chaqueta de confección quede acorde con la fisionomía del cliente también lo es que una correcta hechura de un pantalón es mucho más que un diámetro de cintura y un largo del bajo.

Cuando vayamos a comprarnos un pantalón debemos fijarnos en varias cosas:

En primer lugar, nos debemos cercionar, obviamente, de que nos abotona con cierta holgura. Un pantalón que nos quede justo, por poco que sea, “enviará” esa estrechez a las pinzas del mismo, consiguiendo que éstas se abran produciendo un efecto visual que pone rápidamente en evidencia el conjunto final de nuestro traje.

Como hemos dicho en otras ocasiones, el pantalón debe abotonar en la cintura y no en la cadera. El lugar donde se empieza a abrir la chaqueta debe coincidir con la parte superior del pantalón y no se puede apreciar parte de la camisa alguna.

Una vez más recordar que la cintura natural del caballero está algo por encima del ombligo y es ahí donde debemos vestir nuestro pantalón. No debemos confundir un pantalón de vestir con, por ejemplo, unos pantalones vaqueros los cuales se visten en la cadera.

El diámetro del pantalón irá disminuyendo desde su comienzo en el muslo hasta su terminación a la altura del zapato. No nos deberá quedar justo en el muslo ya que con seguridad la pinza se abrirá. Aunque el ancho del extremo inferior del pantalón depende del gusto de su propietario hoy observamos, sobre todo en países como Italia, que éste se lleva menos ancho que años atrás dando la impresión incluso de tener un diámetro tan reducido como el de los pantalones de sport. Aunque como decimos, depende del gusto personal de cada uno, tampoco debemos exagerar esa estrechez. Un diámetro de 21 centímetros es más que correcto.

Un pantalón de vestir debe contar con pinzas. Podremos decantarnos por una o dos pero siempre deberá tener pinzas. Aunque los diseñadores más vanguardistas se empeñen con cada nueva colección en vestir al hombre con trajes de corte muy informal, no podemos olvidar que un traje es una prenda formal y, por lo tanto, su corte también lo deberá ser.

La pinza será el comienzo de la raya, la cual se extenderá hasta el final del pantalón y deberá “morir” justo en la mitad del zapato. Hay que asegurarnos que la raya discurre siempre por la mitad de nuestra pierna, desde su comienzo en la pinza hasta su terminación en el zapato.

La raya del pantalón tiene una procedencia más que curiosa. Cuentan que el Príncipe de Gales en una ocasión se manchó los pantalones y acudió a una tienda cercana para cambiarse rápidamente. El dependiente estaba desembalando unos pantalones y el que luego fuera Duque de Windsor escogió unos de una caja que todavía no habían sido planchados y estaban doblados por la mitad. Debido a la premura que llevaba, se los puso sin planchar. Desde ese momento la gente empezó a llevar raya en el pantalón.

Aunque en España y en Italia se acostumbra a que las pinzas se abran para fuera, no nos debe sorprender si las encontramos que lo hacen al interior. Esto es frecuente en los pantalones ingleses. Las pinzas invertidas o inglesas debemos buscarlas en todos aquellos pantalones que pertenezcan a prendas cuya procedencia tenga al país anglosajón. Prendas como el chaqué o el frac deben siempre vestirse con pinzas invertidas.

Uno de los defectos más extendidos en nuestro país, incluso en aquellos caballeros supuestamente elegantes, es la costumbre de vestir los pantalones demasiados largos. El pantalón nunca debe descansar sobre los zapatos, o dicho de otra forma, debemos evitar escoger un largo del pantalón que forme arrugas a la altura del zapato.

El largo perfecto es aquel donde el pantalón toca ligeramente el zapato y forma una mínima arruga. Esa mínima arruga es la que permite que al caminar el calcetín no quede expuesto.

Seguramente nuestro dependiente cuando nos marque el bajo tomará como referencia el comienzo del tacón del zapato. Esta medida suele traer como consecuencias la formación de unas visibles arrugas en la parte frontal del pantalón. Para evitar ello deberemos insistirle en que nos tome una medida por detrás y otra por delante del zapato de forma que el bajo del pantalón quede en diagonal, es decir, más largo por detrás y más corto por delante.

Muy pocos caballeros pueden presumir de ser totalmente simétricos. La gran mayoría de nosotros tiene un brazo más largo que otro, un hombro más caído que su contrario, etc. Igualmente, es relativamente frecuente que una pierna sea ligeramente más larga que la otra o sencillamente que la cadera no sea totalmente simétrica y como consecuencia que la cintura de nuestro pantalón no quede en línea recta. Sea por un motivo u otro, es recomendable asegurarnos que nos cogen tanto el largo de la pierna derecha como el de la izquierda.

Hoy ya es poco frecuente encontrarnos con pantalones forrados en su totalidad en su interior. No obstante, debemos asegurarnos de que la mitad superior sí está forrada. Es esta mitad la que más roce tendrá con nuestro muslo y de no estar forrada la vida del pantalón se acortará y además nos puede molestar el tacto de la tela.

Aunque solo en las tiendas más exclusivas nos sugerirán coser un refuerzo interior al bajo del pantalón, debemos exigirlo si no se nos ha ofrecido. Este refuerzo tiene la finalidad de alargar la vida de nuestro pantalón al hacer el bajo más resistente al roce con el zapato.

El que el pantalón cuente con vuelta o no, no deja de ser una opción personal. Normalmente los pantalones ingleses no poseen vuelta mientras que en los italianos este dobladillo será la tónica general.

También fue el Duque de Windsor quien se remangó el bajo del pantalón para no mancharse y ese gesto, como prácticamente todo lo que hacía, empezó a ser imitado por todos los caballeros de la época.

Un buen pantalón tendrá cosidos botones en vez de cremallera. El cosido a mano de esos botones es un detalle artesanal que de una manera rápida nos dice que estamos frente a unos pantalones de calidad. Y si esos botones son de algún material natural como los de cuerno de búfalo sin lugar a dudas nuestros pantalones estarán más cerca de una pequeña obra de arte que de cualquier prenda de abrigo.

Los bolsillos también nos pueden contar muchos secretos de nuestro pantalón. En la parte frontal el pantalón deberá tener obligatoriamente dos bolsillos. Estos bolsillos tendrán la abertura sobre la propia costura lateral del pantalón. Los bolsillos en oblicuo si bien son perfectos para los pantalones de sport no lo son para los pantalones de traje.

En el interior de los bolsillos de un pantalón de calidad podremos encontrar otro bolsillo de reducidas dimensiones cosido junto a éste. Estos pequeños bolsillos que encontramos al final del bolsillo principal sirven para guardar desde un juego de llaves, unas monedas hasta un pen drive y tendrán como finalidad que dichos objetos no se muevan y no nos molesten.

También es frecuente que en la parte frontal, a la altura de la cintura, encontremos un mini bolsillo para guardar monedas. Sin embargo, lo que no será habitual será descubrir unos botones cosidos en la parte interior de la cintura del pantalón, concretamente cuatro delante y dos detrás. Estos botones se cosen con el propósito de anudar a ellos los extremos de los tirantes. Atrás quedaron los años del colegio donde los tirantes sujetaban el pantalón con unas pequeñas doradas pinzas. Los pantalones se deben ajustar a nuestros tirantes a través de esos botones interiores.

Si vamos a optar por tirantes o en su caso por pletinas laterales, opciones ambas que recomendamos encarecidamente a todos los caballeros, debemos descoser los pasadores que traen los pantalones para pasar a través de ellos el cinturón.

Una de las grandes ventajas de los tirantes es que además de mantener el pantalón siempre en su sitio, independientemente de los movimientos de su propietario, permiten al “estirar” el pantalón mostrar la raya del mismo en todo su esplendor.

Y para terminar, recomendar no doblar el pantalón sobre la percha. Estirándolo en su totalidad nos evitaremos tenerlo que planchar para quitar las arrugas. Un pantalón de una tela de calidad mediana vuelve a su posición original con un mínimo de reposo si utilizamos la percha adecuada.

Jeeves
elmayordomo@extraconfidencial.com