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Mi reducto

La economía “sumergida” de los altos cargos

Octubre 18, 2009

Parece que el golpe de efecto que pretendían los asesores de imagen del presidente del Gobierno con la publicación en el BOE del patrimonio de los miembros del Ejecutivo socialista y secretarios de Estado les ha salido rana. Se cumplía el último día del plazo fijado para que se cumpliera la norma establecida por la Ley de Regulación de los Conflictos de Intereses de los Altos Cargos. Nadie o casi nadie se ha creído que, tras más de cinco años de mandato, José Luis Rodríguez Zapatero, acumula bienes por un valor de 209.206 euros; que la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, declare un activo de 731.506 euros, que suman los 323.607 de bienes inmuebles y los 407.898 de otros bienes o que Manuel Chaves, con más de veinte años al frente de la Junta de Andalucía, reconozca un patrimonio de 68.964 euros, de los que 46.502 son inmuebles y 22.461 otros bienes.

 

¿En qué se gastan el dinero, en este caso, los miembros del Gobierno? Bueno, algunos. Porque, que sepamos, nuestro presidente vive gratis total en el Palacio de La Moncloa y vacaciones pagadas a costa de los Presupuestos Generales del Estado. Lo mismo la vicepresidenta Fernández de la Vega. Seguro que desde hace mucho tiempo no saben lo que es pagar una comida a costa de su salario. Más nos valdría que Rodríguez Zapatero y futuros presidentes cobraron un sueldo muy superior al actual, escasos 100.000 euros, y que muchos de esos gastos corrieran de su cuenta corriente.

 

Las otras Moncloas

 

Y qué decir de Manuel Chaves. Al chofer, la Visa Oro sin límite de crédito y dietas – amén de disponer de los Presupuestos para conceder subvenciones a su hija-, hay que unirle que, desde que se trasladó a Madrid para ocupar la tercera vicepresidencia, disfruta de una casa oficial. Son sólo algunos de los privilegios de los que disfrutan mientras nos suben los impuestos e inician campañas de inspección de Hacienda en determinados gremios donde se sospecha que puede aflorar dinero negro.

 

Pero esa declaración de patrimonio se ha quedado corta. Por ejemplo, sería interesante conocer el de los presidentes del Congreso y el Senado, José Bono y Javier Rojo, respectivamente. Las cuentas de ambas instituciones son secretas, no son auditadas por el Tribunal de Cuentas. Tanto Rojo como Bono disfrutan de sendas mansiones de lujo oficiales. La adscrita al Congreso es un magnífico Palacete en pleno Madrid de los Austrias en cuya reforma se gastó una auténtica millonada el ex presidente Félix Pons. La del presidente del Senado no se queda a la zaga: un chalet con todas las comodidades imaginables. Se las conoce por las “otras Moncloas”.

 

A partir de ahí empiecen a contar altos cargos de secretarios de Estado para abajo y sumen y sumen.

 

¿Se han preguntado alguna vez cuántos de ellos han sufrido una inspección de Hacienda o han tenido que solicitar el pago fraccionado de la declaración de la Renta?