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¡Qué fuerte!

La culpa es de los padres

Noviembre 28, 2013

El pasado miércoles 27 de noviembre se celebró en España el Día del Maestro, para conmemorar la labor de los profesionales de la educación. Justo ese día salió a la luz el último informe del sindicato Anpe, bajo el que se ampara la figura del Defensor del Profesor, en el que se revela cómo y cuánto ha aumentado la violencia en las aulas en el último año. En él se denuncia que, del curso pasado a este, han aumentado las faltas de respeto de los alumnos (del 21% al 27%), los insultos (del 12% al 13%), las conductas agresivas hacia los docentes (del 11% al 12%), las agresiones de los críos (del 5% al 6%) y el acoso y las amenazas de los padres (del 26% al 27%). No me cabe la menor duda de que el problema reside en los padres. A ellos culpo sin remordimiento ni duda alguna. Los padres de la sociedad actual, (y me refiero a la mayoría de los que conforman los datos de este informe, y no al resto) defienden a sus hijos de manera incondicional, les apoyan aún no llevando razón, les consienten y dan muestras de ello delante de los profesores restándoles así autoridad.

Cuando un padre defiende al hijo y quita la razón al profesor delante de él, automáticamente el profesor pierde su autoridad y el hijo gana la partida sabiendo que, haga lo que haga, sus padres le van a respaldar. Entonces, el pequeño sinvergüenza se cree con derecho a todo y sin miedo a nada. Esto es sólo el paso anterior a las acusaciones falsas. A partir de ahí, cualquier niño puede inventarse una historia falsa contra su maestro, ir con el cuento a los padres y dar comienzo así al calvario de ese docente. De hecho, las falsas acusaciones también incrementaron un 3% con respecto al año anterior. Si a todo esto sumamos el poco, por no decir nulo, respaldo de la administración hacia los profesores afectados, esto da paso a la desmotivación y problemas psicológicos de los maestros y la transformación en pequeños monstruos de unos supuestos inocentes niños.

“Pobres pero honrados

 Lo único en lo que yerra este informe es en achacar también a este problema los recortes en la educación. ¿Qué tendrá que ver la falta de respeto, de educación y la violencia con los recortes económicos? Discúlpenme, pero no lo acabo de ver. Como dice mi madre, “pobres pero honrados”, así que por ahí no paso.

Con todos estos datos se me pone el vello de punta pero, cuando leo que el 80% de las conductas violentas están protagonizadas por varones y que esto se vincula a la violencia de género, no puedo evitar echarme a temblar y echar la vista atrás, a mi infancia, a mi colegio y a mi maestro Don Alberto. Todos tenemos un maestro que nos marcó para siempre, del que aprendimos lo bueno y al que siempre nos quisimos parecer. Él es el mío, Don Alberto. Era cariñoso pero con la seriedad y rigor que exige estar ante unos fierecillas descontrolados. Ponía calma en las situaciones complicadas y daba lecciones, no sólo de sociales o matemáticas, sino también de valores y comportamiento digno. Jamás le faltó nadie al respeto. Al contrario, la admiración que sentíamos por él era extraordinaria. Su palabra era como la Palabra de Dios ante los niños y ante los padres. Jamás un padre cuestionó su talento, su manera de enseñar ni su personalidad. Un hombre honrado y honesto. El maestro perfecto para mí y para mis padres y seguro que para muchos de los niños que tuvimos el honor de ser educados por él. Lola, Juan Alfonso, Macario, etc., todos fueron excepcionales y nunca, jamás, ni yo ni mis padres les cuestionamos nada. Era otra época. Ahora, una quimera.

Rosana Güiza Alcaide