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A renglón seguido

La corrupción y el estado de ánimo

Marzo 1, 2016
Paying in cash

Tenemos algo que no se puede fijar de forma cartesiana, ni estampado en papel, ni escrito en el viento, ni establecido en cualquier otro tipo de soporte imaginado por el hombre: El estado de ánimo. Y para muestra del ojal de la conciencia algunos botones de la mercería de nuestra clase política escuchados recientemente.

No podemos preguntar a Pablo Iglesias senior la opinión que tendría respecto de ciertas manifestaciones vertidas por el alcalde hispalense del PSOE de la localidad de La Algaba, quien, en conversación grabada, espetaba a una empleada del consistorio: “se le dio –un contrato en una adjudicación amañada- porque me salió a mí de la polla” –dijo el salío. ¡Viva la rotundidad! ¡Arriba la espontaneidad!

Es de esperar, que no todas las reflexiones volcadas en su dignísima labor de superior espada de la Corporación Municipal sean como la estocada que le brotó del miembro viril a Don Diego: el primer edil. Más que nada por lo del buen gusto en la comunicación. Todo un vir ibérico. Un claro ejemplo de sé… mental, que no te van tan mal. Una vez más, el didáctico refranero y mi voluntariosa materfamilias nos indican que “buen porte y buenos modales abren puertas principales”.

Pero para empatar el partido, y contrariamente a Ortega Cano, quien profería estar “tan agustito”, el máximo responsable del PP en Vizcaya –refiriéndose a las “pirulas” de algunos de los suyos-, el Señor Damborenea, espetaba ante los asistentes a una reunión de los de su cuerda, entre los que se encontraba su Comandante en Jefe Brey, que “estamos hasta los cojones de la corrupción”. A tal contundencia el corajudo –¡ejem!- Mariano solemnizó: “No te puedo explicar, Antón, hasta dónde estoy yo, pero lo puedes suponer”.

Territorio inexplorado

Entramos en un territorio hasta ahora inexplorado en política: el de las partes nobles. Los púberes del PP se destapan en un acto de impudicia, mostrándonos el hartazgo en el que se ven inmersos, y lo localizan en sus partes íntimas auto-injuriándose. El joven discípulo de la nueva hornada de Génova Pablo Casado, vicesecretario de Comunicación, se muestra más prudente en referencia al endémico mal de sus filas: “Estamos hasta las narices”.

Sin duda asistimos a un amplio y profuso panorama del conocimiento de fisiología y anatomía del ser humano: a algunos no les “llega la camisa al cuerpo”; o bien “están con el agua al cuello”. También haylos que están “atados de pies y manos”. Cada vez se pone menos “la mano en el fuego” por alguien, si bien, quedan Manos Limpias que luchan contra la corrupción, porque hay muchos contaminados “de pies a cabeza” que nos quieren “tomar el pelo” una vez “metida la pata” por haber “metido la mano” en la caja.

De éstos, en especial los designados “a dedo”, algunos “levantan dolor de cabeza” a sus compañeros, que cada vez más dejan de estar “de brazos cruzados”, pero conservando “codo con codo” su personal “tête-à-tête”. A algunos les ha pillado con el “pie cambiado” en tanto que luchan “a brazo partido” contra los infieles. Los más firmes combaten el “talón de Aquiles” de la corrupción poniendo “pie en pared”. La justicia, que “tiene cintura”, no “da su brazo a torcer”, permitiendo que unos cuantos vayan “hincando la rodilla” ante las evidencias y recibiendo una justa “patada en el pompis”.

Los estupefactos ortodoxos, “brazos  en jarras”, dan un “puñetazo en la mesa” cuando conocen que se lo han llevado “a manos llenas”, y algunos de los descabezados en el PP de Valencia intentan poner “pies en polvorosa” “con la muerte la muerte –política- en los talones”.

Paco de Domingo