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Los puntos cardinales

La cepa del terror crece más fuerte en Paquistán

Abril 12, 2011

Cuando hablamos de la inestabilidad en Asia Central es lógico pensar en primera instancia en Afganistán, que contiene lo peor que una pesadilla pueda albergar. Pero donde los males se esconden tras la apariencia de una cierta formalidad institucional es al otro lado de la frontera, en Paquistán. Y es una crisis polimórfica de repercusiones imprevisibles. Desde el punto de vista político, el PPP no cuenta con los dos socios que hacían posible que existiera algo parecido a un Gobierno. A la parálisis para poner en marcha cualquier iniciativa legislativa se suman unas cifras de mareo, con una altísima inflación y un déficit presupuestario que nadie es capaz de controlar.

Con todo, la bestia que duerme en las entrañas de la sociedad paquistaní es la del fanatismo irracional, y que ha llevado a situaciones como el asesinato de Salman Tasir, el Gobernador de la provincia del Punjab, acribillado por oponerse a que la blasfemia sea castigada con la muerte. Ello es un síntoma del gran monumento a la intolerancia que es ese país, la cuna de Al Qaida y el refugio seguro de los talibán. No sólo Estados Unidos y la OTAN, también Francia, Alemania o el Reino Unido han mostrado abiertamente su malestar por la escasa o nula cooperación paquistaní en la lucha contra los focos terroristas en varios puntos fronterizos con la vecina Afganistán. 

Los tentáculos del terror

Quizá la imagen más gráfica de la capacidad exportadora del miedo que Paquistán es capaz de generar sea la secuencia de atentados perpetrados en Bombai en 2008, un ataque coordinado que dio la vuelta al mundo. Hace apenas un par de días, el paquistaní Faruk Ahmed fue condenado a veintitrés años de cárcel por intentar perpetrar un atentado con un potente artefacto explosivo en el metro de Washington. Son sólo algunos ejemplos que ilustran la enorme amenaza que para Occidente se genera en territorio paquistaní, y cuyos tentáculos de terror pueden extenderse y pasar inadvertidos por las calles de Copenhague o por las del Raval de Barcelona.

El tira y afloja de las complicadas relaciones entre Estados Unidos y Paquistán alcanza ahora un preocupante ingrediente de tensión. Las autoridades de Islambad quieren una drástica reducción del número de miembros de la CIA desplegados en el país, una decisión que habría sido planteada durante una reunión de alto nivel entre los responsables de inteligencia de las dos naciones en el Cuartel General de la agencia en Langley.

Oficialmente se asegura que la cooperación bilateral sigue siendo sólida. Pero en la práctica, la orden para que más de trescientos agentes, -alrededor de un treinta por ciento del total-, dejen de recabar valiosísima información de campo en el paraíso del terror islamista confirma que al ISI, el poderoso servicio secreto, nunca le interesó demasiado arrancar la cepa del terror.

De hecho, algunos de sus más destacados oficiales han estado cuidando esa cepa con mimo de jardinero holandés.

Angel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.