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¡Qué fuerte!

La boda gay de Rajoy

Septiembre 10, 2015

Siempre hay que ponerse en el lugar del otro a la hora de tomar decisiones, juzgar o debatir sobre un tema. Intentar ver la situación desde el punto de vista del contrario. Imaginarse inmerso en ese caso y siendo el protagonista de los hechos. Pero es muy difícil no pensar en uno mismo, no ser egoísta y hacer el esfuerzo de mirar por el bien ajeno, es tan difícil, que dejamos a un lado ese otro lado del prisma sin pensar en el daño que podemos hacer a los demás. Todos hemos vivido situaciones, desde niños, de exclusión por culpa de un defecto físico o psíquico. La ley del más fuerte siempre puede con el débil, con el que es diferente en algo a los que se consideran normales. Pero, ¿quién dice o determina quiénes y qué es lo normal? El “cuatro ojos”, la “empollona” o el “maricón”. Insultos y desprecios de los que se creían superiores o perfectos cuando, con su actitud, dejaban mucho que desear como personas.

El problema es que esos niños pasan a ser adultos y siguen siendo igual de retrógrados y malos, siguen creyéndose perfectos y por eso insultan y desprecian a los demás, a los que creen por debajo de ellos por el simple hecho de ser diferentes. Pero, ¿qué es ser diferente?, ¿qué te hace mejor persona?, ¿no ser gay te hace mejor persona que serlo? Ahora hagamos el esfuerzo de ponernos en su lugar. ¿Y si yo hubiera nacido homosexual?, ¿y si mi hijo pequeño es homosexual y en el colegio le hacen la vida imposible por ello? ¿No querríamos ser felices con nuestra condición sexual?, ¿no querríamos la felicidad de nuestro hijo con su condición sexual? Entonces, ¿por qué se ha convertido en un debate de máximo nivel si Rajoy va o no a la boda de un militante del PP?

Todos pendientes de Rajoy

Que el PP estuviera en contra de la ley del matrimonio gay que aprobó el PSOE demuestra el gran atraso mental de ciertos dirigentes del partido, sobre todo teniendo entre sus filas a gais y lesbianas. Pero que ahora debatan sobre si el Presidente del Gobierno debe ir o no a una boda gay, no por cuestiones personales, sino por electoralistas, eso ya es el colmo. El gran debate está en que se acercan las elecciones generales, entonces, ¿cómo se pierden mas votos, si Rajoy va a la boda o si no va? Si va, ganan los votos del colectivo homosexual pero pierden los del sector más conservador. Si no va, ocurre todo lo contrario. Es increíble que a estas alturas de la vida, el gobierno de un país democrático esté discutiendo intensamente en reuniones para decidir sobre este asunto.

Me parece de chiste, de risa, de cachondeo. Supongo que el 18 de septiembre estaremos todos pendientes de si Rajoy va o no a la boda de Javier Maroto que, como todos sabemos, es un gran problema de estado, y no la corrupción, el paro, el enchufismo, los refugiados, los etarras, los tres millones de pobres españoles, las injusticias, el mileurismo, los autónomos y tantos y tantos problemas que tiene España. Pero no, al PP le preocupa la imagen, el qué dirán y los votos dependiendo de un acto privado de su presidente.

Rosana Güiza

rosana@rosanaguiza.com