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El mayordomo

La Boda de la Duquesa de Alba

Octubre 9, 2011

Trajes albero, pseudo tebas, bailes y hasta el propio cura tocando palmas trasladan la feria de Abril a las inmediaciones de la capilla del Palacio de Dueñas


Hasta ayer que regresé a España y tuve acceso a un periódico escrito nacional había evitado con gran éxito leer o escuchar el gran revuelo que ha producido en nuestro país por lo que atendiendo a los acontecimientos parece haber sido casi la boda del año. 

Siempre he mantenido que siendo como es de grave esta crisis económica no deja de serlo menos la crisis de valores que sufre esta sociedad; crisis esta última que ha ayudado a que la económica se haya extendido a velocidad de vértigo y con efectos devastadores entre nosotros. Antes las revistas y los medios del corazón se hacían eco de los acontecimientos más sobresalientes y los trataban de forma profesional. 

Hoy la tercera boda de la Duquesa de Alba si bien no ha paralizado el país, sí ha estado a punto de hacerlo; y eso es doblemente preocupante si tenemos en cuenta la que nos está cayendo. Si en nuestro país los principales periódicos del jueves 6 hasta las 12 de la mañana todavía reservaban sus portadas a la boda de la duquesa, la de los internacionales desde bien pronto de la mañana ya la copaba prácticamente en exclusiva el fallecimiento de Steve Jobs. ¿De verdad es tan relevante el nuevo enlace de esta señora como para haberse convertido en el evento más comentado de esta semana, incluso superando a la muerte del genio de la manzana? 

Precisamente debido a su gran repercusión nos vemos obligados a hacer algunos comentarios a los atuendos de los allí presentes para que las señoras y señores que han seguido el enlace no den por bueno lo que en el palacio de Dueñas se vio y consecuentemente no vistan en las bodas como lo harían durante una mañana en la feria de Abril. 

Fue concretamente Cayetano Martínez de Irujo, Conde de Salvatierra, quien con su conjunto albero adelantó varios meses la Feria de Abril a la ciudad andaluza. Su puesta en escena no deja de ser toda una falta de educación y respecto tanto para los novios como para el resto de invitados. 

Su traje color albero si bien tenía un corte perfecto que denotaba que tras él se encontraban las manos de algún buen sastre, era de todo punto inadecuado para asistir a una boda. Tanta historia nobiliaria detrás de ese apellido para no conocer las mínimas normas de saber estar. Quién sabe si cuando lleguen las mañanas de la Feria de Abril entonces será cuando vista de chaqué o traje oscuro. 

Seguro que el novio, debido precisamente por todo lo anterior, entiende que haya sido el hijo de su mujer y no él mismo quien haya abierto este artículo. De D. Alfonso Diez podemos decir que iba correctamente vestido aunque fueron ciertos detalles los que desmerecieron en cierta medida su chaqué. 

Lo primero que nos llamó la atención fue el juego del escondite al que jugó el pañuelo de bolsillo durante toda la boda. No sabemos si con los nervios se le olvidó ese pañuelo y luego algún asistente le prestó uno o por el contrario no se lo supo colocar y por eso que terminara apareciendo y desapareciendo como por obra de magia a través del bolsillo de la chaqueta. 

Aunque el tipo de corte del chaleco no es de mis preferidos lo que más me llamó la atención fue el hecho de que el novio optase por desabotonarse dos de los botones de la manga del chaqué. Si ya queda absurdo el hacerlo con uno, ridículo y chabacano resulta hacer lo propio con dos. 

Hoy el único sentido que tiene desabotonarse los botones de la manga es presumir de poder vestir un traje que ha costado un auténtico dineral. Sin embargo, es importante recordar a los seguidores de esta cómica costumbre de que ya incluso las marcas más asequibles incorporan en sus chaquetas esta opción. ¿Alguien duda de que el traje del Sr. Francisco Rivera o el del Sr. Cayetano Martínez de Irujo a pesar de no mostrar de forma visible ojales practicables no fueran de sastre? 

Una de las cosas que siempre me ha llamado la atención de los cronistas de moda es su predilección por Cayetano Rivera frente a su hermano mayor Francisco cuando se trata de posicionar a uno de ellos en los ranking de caballeros elegantes. 

La boda de la Duquesa sirvió para ratificarme en mi afirmación de que cuando de elegancia se habla solo hay un Rivera al que poder traer a colación. Y ese es sin lugar a dudas el Sr. Francisco Rivera. D. Francisco Rivera es, desde mi punto de vista, uno de los caballeros mejor vestidos de España y además con un gran conocimiento del protocolo. Y en esta boda, como no podía ser de otra manera, volvió a ponerlo de manifiesto. 

Fran Rivera vistió un falso tres botones azul marino claro de inmejorable factura. Es precisamente este corte tan Jaime Gallo quien mejor define lo que se pudiera conocer por el corte español. Más cercano en patronaje al corte inglés que al italiano pero mucho menos armado que el primero, este corte respeta las medidas más puristas pero huyendo del armazón al que nos tienen acostumbrados muchos de los sastres británicos. 

Esto unido al gusto clásico en el vestir de Fran y a su habilidad innata para combinar correctamente tanto los colores como los diseños de las diferentes prendas, hace que cualquier comparación con su hermano no sea más que un insulto al buen vestir. 

¿Cómo comparar ese pantalón que toca ligeramente sus Oxford negros con el tres tallas grande de D. Cayetano Rivera que descansa más que holgadamente sobre unos Oxford marrones claros?. Si esto no es suficiente observen ustedes las chaquetas de los dos hermanos. Mientras en la del modelo de Armani las solapas se abren descaradamente y la chaqueta forma unas arrugas más que llamativas, la de su hermano Fran es como una segunda piel que se desliza de manera natural sin tropezar con imperfección alguna. 

Cayetano es el claro ejemplo de que no basta con poseer un físico envidiable para poder presumir de elegancia. Su hermano Fran, de físico más contenido pero de gusto muy superior le gana en elegancia, estilo y saber estar por goleada al novio de la modelo Eva González

Carlos Fitz-James Stuart, duque de Huéscar, ejerció de padrino de boda y vistió de chaqué. Aunque no compartimos su gusto en hacer coincidir el color de su corbata con el del pañuelo de bolsillo bien podría haber aconsejado a su hermano pequeño, el conde de Salvatierra, sobre la conveniencia de vestir chaqué en la boda de tu madre; y más cuando su futuro marido ha optado también por su vestimenta.

Jeeves
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